Tras la gran expectación creada por este estreno en el Real, expectación suscitada sobre todo por ser el marco del primer encuentro de la Coinfo y por supuesto por el debut operístico del gran tenor de moda JDF en el Teatro Real, el resultado final, a mi juicio, de este Barbiere, es sin duda alguna excelente; creo q a ningún espectador lo ha dejado indiferente por muchos motivos; quizás esta producción tendrá muchos detractores en lo referente a ese montaje tan móvil y un poco self-service, que a medida q la opera avanza se va creando con los mismos elementos de siempre, variaciones para crear escenas diferentes, a la escenografía q nos muestra una Sevilla geométrica y aséptica, donde el blanco y el negro se adueñan del atrezzo, del vestuario, de la escena, roto únicamente por pequeñas concesiones con las que Rosina trata de imponer su rebeldía (una flor, una alfombra, y que los escandalizados criados raudamente tratan en vano de esconder) en esa sepultura en la que se halla enclaustrada, y esa orgía de colores que tras la tormenta del segundo acto estalla en el escenario; la locura organizada de la que habla Sagi no trasciende tanto en escena como cabría esperar si se lee la entrevista incluida en el programa de mano antes de asistir a la representación, salvo en el final del acto I con ese saqueo del sótano de Don Bartolo que a mi parecer tanto distrae del maravilloso concertante de dicha escena.
Puestos a hacer una critica, si se me permite, sobre la representación a la que me correspondió asistir ayer día 15, comenzare hablando de la aparición en escena del director del Teatro Real segundos antes de la obertura, para notificarnos la muerte de la irrepetible Victoria de los Angeles, tras la cual se guardo un sepulcral minuto de silencio, y un ahogado sollozo en mi caso debido al impacto de la noticia ,que desconocía por completo, y a la verdadera veneración que siempre he sentido por la sublime voz de la soprano barcelonesa; a ella iba dedicada la función de anoche, a ella que durante tantas veladas deleito al mundo entero abordando el rol de Rosina con su maestría y profesionalidad. Acercarse al universo rossiniano exige determinados requerimientos para un director de orquesta, como es leer con precisión, concertar con exquisitez, cantar con las voces y mantener un perfecto equilibrio entre foso y escena; a mi juicio esto fue lo que realmente fallo para que la representación de anoche fuera del todo redonda; no me agrado la lectura del director ni la orquesta que en otras muchas ocasiones tanto me ha deleitado; en conjunto, me atrevería a decir que mas que desorden hubo un gran desequilibrio, deslizándose la balanza, sin duda alguna al lado vocal; la obertura sonó académica y pulcra, pero sin el calado rossiniano.
El personaje de Figaro es todo un bomboncito envuelto en un celofán de pan de oro para cualquier barítono actor, y Pietro Spagnoli no logro dar la talla, actúo con gracia, canto con seguridad, pero comenzar la opera con el Largo al factotum sin el suficiente gracejo, siendo el momento estelar de Figaro, vela por completo su aparición en escena para todo el resto de la representación; no asistí al debut del día 13, en el que por lo visto al abordar la penúltima nota del referido aria se desgallo en parte; ayer le volvió a suceder lo mismo, y uno ya piensa si es que realmente Rossini escribió algo así en la partitura y Pietro Spagnoli se ciñe a lo escrito, aunquesi es cierto que Rossini escribió ese aria algo mas extenso, es decir, se corta en parte ese genial trabalenguas final del aria; en conjunto flojo aunque resuelto en los dúos con María Bayo y JDF; no así puedo comentar de Bruno Praticó, quien a mi juicio fue el más flojo de los seis cantantes de este Barbiere; en el registro grave resultaba inaudible, flojo y despistado en el aria “Un dottore della mia sorte”; aún así resulto muy convincente en su actuación, con una bis cómica agraciada por el vestuario; para él los aplausos mas fríos y algún que otro abucheo al final de la representación; Ruggero Raimondi defendió su rol con resolución, estilo y elegancia a pesar de ser un personaje siniestro y sobornable; la voz aparece velada en el agudo, pero sigue poseyendo un grave portentoso y una voz rotunda y cavernosa perfectamente audible en los concertantes; excelente la escenografía de “la calumnia”, en la que parece elevarse sobre una plataforma de seda que se extiende sobre el escenario como la hidra de siete cabezas; todo un lujo volver a escucharlo después del éxito cosechado el pasado año dando vida al Barón Scarpia, y para el un hondo reconocimiento en la salva final de aplausos; Susana Cordón se movió bien por la escena, actuó con gracia y cantó con una voz muy adecuada el aria que antiguamente se encuadraba en el que se denominaban como arie del sorbetto, incluyendo una salida flamencona del escenario tan cómica como todo su papel.
A la hora de comentar al dúo protagonista, es difícil no entrar en elogios y aplicar epítetos superlativos hacia los dos grandes triunfadores de la noche; María Bayo me sigue pareciendo una gran soprano, dotada de una voz con un timbre muy particular e identificable, y lo más importante a la hora de acercarse al personaje de Rosina: dotarlo de vida, de carácter, no parecer ni ñoña, ni excesivamente díscola; actuó como nunca la había visto, interpretando una Rosina risueña a la vez que rebelde, astuta y pizpireta, y en el aria y la cabeletta inaudita del segundo acto estuvo sencillamente espléndida ; exhibió una aficinación correcta, una voz fresca, y aunque cantó el rol de Rosina con la tesitura de mezzosoprano, generando algún problema en la firmeza de los graves, estuvo soberbia en el agudo, en la media voz, y sobre todo en las agilidades de “Una voce poco fa”; espectacular para mi criterio el ataque en piano del aria del segundo acto, un gran y elegante uso de los reguladores, del canto apianado y de una gran elegancia de la coloratura en la cabaletta posterior; magistral!!! Y con Juan Diego Florez llego la histeria al Real; se le esperaba con atención y ansia, todo sea dicho; oírlo es todo un placer, y una vez conseguido el objetivo comprendes el motivo por el que hoy en día es el tenor de moda y todos los éxitos cosechados en estos últimos años; posee una voz adecuadísima para cantar Rossini, de esto no hay la menor duda; es elegante, guapo, encandila nada mas aparecer y se mueve magníficamente por el escenario; la primera prueba de su arte y su técnica la demostró con creces en “Ecco al ridente”; me estremeció, simplemente, “Se il mio nome” sublime, excelente en los duettos, resuelto en los concertantes, fue en “Cessa di piú resistere” donde exhibió todo su potencial canoro, su alabada técnica, su esplendor, todo un tratado canoro del correcto uso de agilidades en la coloratura, de la seguridad en el bello y firme agudo; era pirotecnia vocal que se vio recompensada con una estrepitosa salva de aplausos como pocas veces el Real pueda recordar; así da gusto, subió el nivel de la representación hasta cimas pocas veces vista en el coliseo de la plaza de Oriente.
Por ultimo aplaudo el tan criticado scketch de la escena final, donde todo es color y una explosión de jubilo; el guiño cinematográfico a la pelicula Grease, en el que el dúo protagonista se despide ascendiendo en globo aerostático me resultó divertido, diferente, y por que no, adecuado; otro gran éxito para Sagi, sin lugar a dudas, quien se esta especializando en el repertorio rossiniano.
A la hora de la traca de aplausos finales, como todos imaginareis, Raimondi, Bayo y Florez cosecharon un gran triunfo, no así el director que aunque subió al escenario y pese a que Bayo tiró de él para que se uniera a los protagonistas, dignamente este permaneció en un lateral negándose a incorporarse a ellos.
Confió que así continúen las representaciones de estos días, y que sin lugar a dudas los participantes a la Coinfo tengáis el día 22 la misma agradable sensación al salir del Real que tuve yo anoche.
Yago
