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Os hago un copi-pega de una crítica aparecida en "mundoclásico" (la firma Carreira, el director). Decidme si esta crítica no "huele mal". Decidme si este crítico no está descaradamente en contra de los intereses de estas dos artistas, si no es una crítica de acoso y derribo. Señores, de acuerdo, no hay que generalizar, pero esto ocurre constantemente en la crítica musical española. Peor hubiera sido lo de Gonzalo alonso... él hubiera dicho "la cantante fulana de tal lo hubiera cantado mejor y el pianista fulana de tal hubiera tocado mejor..." Por favor señores, ¡quitaros la venda!, TODO ESTA AMAÑADO. Que una revista no se va a atrever nunca a poner mal a un artista si previamente se ha gastado 4000 euros en una portada
Marina Pardo tiene una voz pequeña, de color poco timbrado y desigual, tiende a la rigidez y abre poco la boca al cantar -tiene una proyección tan corta que incluso en una sala diminuta como la del Sálón Teatro, se la escucha mal. La isometría de su fraseo lo convierte en monótono, su afinación es deficiente y abusa de los portamentos, los cuales empeoran aún más si cabe, su pésima pronunciación.
Rosa Torres Pardo es una pianista mediocre que, tras sus desalentadoras experiencias con el gran repertorio, se está especializando progresivamente en la interpretación y grabación subvencionada de obras españolas poco conocidas o inéditas. Su técnica pianística es pobre, falta de igualdad, tiende a golpear las teclas, carece de gama dinámica, abusa del pedal, no proyecta el sonido y éste es feo y desigual. Tiene la desagradable costumbre de dar patadas rítmicas en el suelo, cuyos acentos no siempre coinciden con las frases musicales que toca en el teclado. Estos defectos se ven acentuados por una deficiente relajación que repercute sobre su posición ante el instrumento, su tendencia al histrionismo y su escasa capacidad para escuchar a sus partenaires cuando toca con otros, sean solistas u orquesta.
Esto no tendría mayor importancia -de malos pianistas acompañantes está el mundo lleno- si Rosa Torres Pardo no cantase. Y canta todo el tiempo (y a destiempo de Marina Pardo, del piano y de sus pataditas) con una voz desagradable, destemplada, incapaz de entonar, pero que se oye en todo el teatro. Su color, su forma de cantar, sus gestos faciales (y su acento cockney) recuerdan vívamente el estilo tradicional de las actrices maduras que interpretan los personajes populares grotescos de la Viking Opera, pero carecen de la gracia y el desenfado de estos.
Hace un año, la comunidad de Madrid fue mecenas de la grabación de The Caterpillar Albéniz Songs, que fue distribuida por Universal Music Spain bajo el sello Deutsche Grammophon. El disco fue promocionado personalmente por el presidente de la Comunidad, Alberto Ruiz Gallardón, sobrino-nieto de Albéniz, flautista dilettante, empeñado desde hace años en repartir diplomas de legitimidad albeniziana entre los músicos de su círculo privado de amistades, al que pertenece desde hace muchos años Rosa Torres Pardo. Los medios de difusión madrileños y nacionales han prodigado a lo largo de este tiempo imágenes e informaciones sobre las soirées musicales que Torres Pardo y Gallardón protagonizan los fines de semana con la asidua asistencia de algunos críticos musicales de diarios nacionales.
_________________ Ópera, Ópera, ¡Óperaaaaaaa!
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