Alberich el Negro escribió:
Si es que el problema (que también lo es, pero menos) no es lo que sale o deja de salir respecto del texto homérico, sino el haber respetado, siquiera mínimamente, el espíritu de la obra original. Y Nolan no lo hace (como tampoco lo hizo Coppola, por cierto, con el Drácula de Stoker, que se debería haber titulado "de Coppola"). Pero en este último caso, al menos, tenemos una de las películas más arrebatadoramente hermosas y estéticas que se hayan realizado nunca. Cosa que no ocurre, ni por asomo, en la de Nolan. Y puesto que no es la versión de Homero, sino la del director británico, como usted bien ha dicho, habría sido mucho más honesto titularla de otra forma, no parasitar del prestigio, la tradición y el valor que tiene para la cultura occidental el canto del rapsoda ciego con la idea de hacer más taquilla y ganar más óscares.
Creo que usted mismo me da la razón en cuanto a la ausencia de sentido en la crítica, ante la falta de una supuesta fidelidad en la Odisea, al considerar tan extraordinaria el Drácula de Coppola, cuestión que comparto absolutamente. También siento en este sentido incongruencia ante los halagos a la película de Camerini, que en cuanto a espíritu no deja de ser una película de aventuras de factoría, con un estilo mucho más cercano al Robin Hood de Michael Curtiz que al poema de Homero.
Me parece bastante pejiguero, con perdón, pensar que este "problema" se solucionaría en parte si "La Odisea" de Nolan, se titulase, "La Odisea de Nolan", particularmente me aportaría 0.
El poema se titula Ὀδύσσεια, y la película "The Odyssey", y hago esta distinción para subrayar que ya en la propia traducción hay que tomar decisiones. Voy a poneros una opinión de un famoso escritor, sacado principalmente de su Ensayo "Las versiones homéricas".
Jorge Luis Borges:
La Odisea no es un texto fijo, sino un organismo vivo que cambia a través de sus múltiples traducciones y lecturas. El texto original de Homero es como un borrador anónimo e inalcanzable; lo que realmente existe son las distintas perspectivas aportadas por cada traductor y época. Leer muchas Odiseas significa entender que cada traductor acentúa, omite o imagina de manera distinta a Ulises y sus viajes, haciendo que cada libro sea una obra singular y distinta a la anterior. Leer muchas Odiseas significa entender que cada traductor acentúa, omite o imagina de manera distinta a Ulises y sus viajes, haciendo que cada libro sea una obra singular y distinta a la anterior.Si se piensa así en la traducción, imaginad si se cambia de medio artístico. Y en este contexto de Borges habría que añadir las traducciones con sesgos intencionados como la de Emily Wilson.
Lo que es muy evidente es que es muy diferente la experiencia de leer en español la versión de José Manuel Pabón en verso a la traducida en prosa de la versión de Samuel Butler elogiada por el propio Borges. Ambas célebres.
Pedir una fidelidad a Nolan, cuando en la propia película se dice que quiere hacer su propia visión basada en la Odisea, es como ir al extraordinario restaurante de carnes que tenemos en Madrid, de los mejores del mundo, Lana, y pedir pescado. Que no tienen si exceptuamos algo de caviar que ponen en una entrada con lengua de cordero escabechada.
Y perdonad para los detractores, pero no entiendo en absoluto la defensa de la de Camerini, defensa que comparto como ya he dicho, y luego criticar a Nolan por cuestiones que también faltan en la de Camerini en mayor grado. Solo se puede deber a que cualquier tiempo pasado es mejor.
Si llego a escribir en este mismo debate, he visto la Odisea de Nolan, me gustó más la película de Camerini, y eso que esta es a su vez es inferior a la obra maestra de Méliès. Estoy convencido que ese mensaje no tiene respuesta.
Es como en la ópera, si uno va a cenar con unos vociólogos, y dice insensatamente, he visto la obra X por el compositor Y, me gustó mucho el cantante Z. Saldría el primer vociólogo y diría, ese en los años 70 no le llamarían ni para utillero. El segundo añadiría, el mejor es Colosai Peponov, en su disco de cera de 1908 en esos 10 segundos donde apenas se le oye su voz entre ese ruidito que suena a maullido de gato. Y el tercero termina, el más grande Carlo di Mare Gambini, que estrenó la obra en 1812. Ahí ya todo el mundo se calla porque no se puede ir más para atrás, y el insensato tampoco puede replicar que a Carlo di Mare Gambini nadie le ha escuchado ante la consabida respuesta de los concluyentes testimonios de la época.