|
Zúrich no es Berlín.
Su aeropuerto es magnífico, eficiente, cómodo y fácil. En él coges un tren, que cada dos minutos sale uno, y en 13 minutos estás en el centro de la ciudad.
La red de ferrocarriles suiza es probablemente la mejor del mundo. Se puede ir en tren a todas partes, a comprar un número de la ONCE, a cortarse el pelo y a la ópera (estación de Stadelhofen) y la App de SBB es la mejor que he visto, sencilla, ágil, eficaz. En Renfe tendrían que obligar a los responsables de la venta online a copiarla 100 veces.
Si embargo, en Zúrich a las 8 de la tarde ya no queda ni el tato por la calle, todo cerrado, todos a dormir. Berlín es una ciudad de 24 horas.
Al salir de la ópera, en Zúrich, no hay manera de encontrar un restaurante abierto y casi están hasta las calles recogidas. En Berlín, hay cientos de opciones a todas horas.
Recuerdo que cuando Juan Diego cantó su Werther en Zúrich, en la salida de artistas sólo estábamos una peruana y yo, que el resto había partido corriendo a dormir que al día siguiente tenían que atender en la ventanilla del banco, o seguir haciendo relojes, o seguir curando queso.
Los suizos son unos cachondos, pero por dentro (para que no se me enfade nadie).
Puede que por eso ir a Berlín me atrae y a Zúrich no tanto. De hecho, cuando viajo a la zona, nunca duermo en Zúrich (es carísimo). Suelo coger un hotel muy agradable en Winterthur y con un restaurante muy bueno.
En Zúrich me encontraba (en Winterthur) y ahí que la Diva assoluta representaba una Forza de la casa con su Yusi, que ya no es su Yusi, pero sigue siendo su Yusi, que los contratos se firman a largo plazo y parece que no se llevan mal. Sold Out todas las funciones, pero encontré una entrada, ¡bingo!
Pero la diva vino sólo a hacer caja.
La puesta en escena de la Forza zuriquesa es de Valentina Carrasco, Bonaerense ex furera que perpetró el caos del anillo del teatro Colón, herejía wagneriana ideada por Katharina Wagner, que se descabalgó cuando faltaban pocos días para el estreno porque le habían servido frío el desayuno. Valiente fue Valentina al conseguir que se representase algo en Buenos Aires.
En Zúrich, Valentina (que en diciembre nos escenificará Luisa Miller en Valencia) sumerge completamente la puesta en escena en la guerra, mediatizando toda la escenografía y su visión militarista o antimilitarista afecta a la función, impresión, emoción.
Puesta en escena cara, cara (en Zúrich son ricos), con multitud de escenas: desde el Palacio de las naciones, a un campo de refugiados, o en la sede de los seguros Zúrich, o en un supuesto War Economic Congress en Davos o en una iglesia. Proyecciones, efectos, drones, ambulancias, food trucks y perros. Todo en plan Sarajevo en la guerra de los Balcanes: explosiones, francotiradores y edificios bombardeados y medio destruidos. Currao, pero no funciona. Mucho de lo que pasa, mucho de lo que cantan, pierde el sentido. Se diluye el amor, el odio, el honor, el perdón, la caridad, la venganza.
Todos van vestidos de camuflaje y ruinas por doquier. Es una transposición muy repetida y poco original, y a Carrasco, dicho por ella, le gusta ambientar la escena en algún suceso local, y claro, en Italia, en Argentina o en España sabe en qué guerra ambientarlo, pero en Suiza…no. En Suiza no hay una guerra desde Guillermo Tell (Orson y los relojes de cuco), y se ha tenido que inventar algo. Porque en Suiza, aunque es un país militarizado en el que los hombres hacen la mili obligatoria unos cuatro años en total y guardan las armas en casa, nadie sabe lo que es una guerra. Supongo que su enorme ejército es para defender a los Toblerones.
En la guerra que se la ha inventado Carrasco, un ejército ignoto entra por el este (por Austria), avanza por St. Margrethen, St Gallen, Winterthur, Zúrich (me hace gracia porque suelo visitar por trabajo todos estos lugares) y de ahí a toda Suiza. Don Álvaro es del ejército invasor y Don Carlos del Suizo, Preziosilla es una especie de Rambo hiperviolento, Leonora se retira a un monasterio con un chaleco antibalas y un fusil de asalto en las manos???. Currao pero con poco sentido. Estética de CNN en lugar de profundidad. Veremos que nos perpetra en la Luisa Miller del mes que viene, que se me antoja que Valentina fuerza la originalidad y, a veces, más, es menos. Alguien podría decirle que no es necesario buscarle una segunda lectura a absolutamente todo.
Además, imperdonable que no destruya la sede de la FIFA, cosa que hubiera sido motivo de alegría y celebración por todos los hombres de bien.
Gianandrea Noseda al frente de la Orquesta de la Ópera de Zúrich, es un seguro de vida. Ofreció una interpretación potente y enérgica de la partitura. Su profundo conocimiento del lenguaje musical de Verdi quedó patente al resaltar los matices de la orquestación. Optó por un dinamismo claramente marcado. La orquesta y el coro sonaron potentes, pero no estridentes, incluso en las numerosas escenas de gran intensidad musical, nada resultó chillón: buscó el equilibrio tonal, aunque a veces elevara la dinámica llevándola al límite la acústica de la pequeña sala.
La Diva, hay la diva…. Estaba cansada ya que el día anterior volvió de Dubai, y eso se notó, pero es una diva.
Anna Netrebko tiene magnetismo y llena la escena. Oscurece la voz en los medios y los graves, que Leonora tiene unos cuantos, son muy forzados. Pero lanza unos agudos, cambiando el color, que recorren la sala fulgurantes, y maneja las dinámicas y el fiato como nadie actualmente, con unas messa di voce y filados interminables, bellísimos y emocionantísimos.
Estaba cansada y su “Me, peregrina ed orfana” fue buena pero rutinaria, pero más tarde...más tarde nos obsequió con un extraordinario “Madre, pietosa Vergine” para enmarcar. Ahí desplegó toda su sabiduría y por un instante nos ganó para que todos braveáramos enérgicamente.
Después de haber descansado durante más de una hora en la que no canta, acabó con un “Pace, pace, mio Dio!” irregular. Parece ser que el del estreno fue espectacular, y eso jode. Si, tuvo un filado interminable bellísimo, pero sus Maledizione del final fueron lanzados sin fuerza ni intención.
Sensación agridulce. Es muy buena, pero fastidia pagar el pastón de las entradas cuando canta ella para que su esfuerzo sea mínimo.
Yusi Eyvazov es un tenor valiente y honesto, que, si se esforzó en su Don Alvaro, pero, aunque tiene agudos, su canto es tosco. Su generosa voz de tenor se ajusta bien a las exigencias del rol de tenor spinto, pero carece del lirismo necesario para pasajes como “O tu che in seno agli angeli”. Su timbre, nunca ha estado dotado de una belleza innata, sus notas más efectivas se encuentran en el registro agudo. Allí, pudo demostrar su potencia, llenando el teatro con luminosas notas altas pero no despertaron entusiasmo en el público. En un teatro de ópera pequeño, el volumen puede ser bastante alto, ya que no es muy dado al control. Su timbre gutural también requiere un tiempo de adaptación.
El Don Carlo de Vargas de George Petean es más que correcto. Fue interpretado por George Petean, que posee una aceptable línea de canto verdiana. Sus agudos fueron seguros y brillantes, y su legato, fluido. Viril y expresivo, a la vez que elegante. Su gran aria “Urna fatale” fue uno de los mejores momentos musicales.
Annalisa Stroppa fue un lujo de Preziosilla. Annalisa debutó en la Ópera de Zúrich con este papel. Su personaje encarna la locura que acompaña a la guerra, sumergida en violencia y la insensatez y participando de sus horrores, como hacer que los prisioneros jueguen a la ruleta rusa. La potente voz de mezzosoprano de Stroppa manejó las notas agudas con facilidad, y su interpretación fue enérgica y con un vibrato muy marcado, quizás excesivo. Su “Rataplan” potente y muy aplaudido.
El teatro contrató a dos grandes intérpretes para los papeles de “la Iglesia" italianos consagrados: Michele Pertusi (Padre Guardián) y Roberto Frontali (Fra Melitone).
El padre Guardiano de Michele Pertusi fue muy apropiado. El canto noble de Pertusi le dio esa altura moral que pide el personaje a la vez que el control pausado de los acontecimientos. Su hermosa y suave voz de bajo transmitía la profunda fe del superior y una sutil profundidad.
Su antítesis, Fra Melitone fue un magnífico Roberto Frontali. Me encantó la interpretación y la intención del canto. El monje cínico y casi cómico que se queja constantemente de todos. Frontali ofreció una interpretación convincente, aunque recurriendo a hablar probablemente con fines cómicos. Su canto se mantuvo preciso y agradable.
El resto del elenco, todos del Centro de Perfeccionamiento, todos excelentes. Stanislav Vorobyov, en el papel del Marqués de Calatrava, Natalia Tuznik como Curra, el tenor Tomislav Jukić como Maestro Trabuco, [b]Lobel Barun[/b] como alcalde y Max Bell como cirujano, todos grandes talentos y miembros del International Opera Studio, complementaron este extraordinario conjunto. Me llamó la atención la elevada calidad de todos ellos.
Al acabar la ópera, esperando en la salida de actores, no estábamos 2 como con Juan Diego, sino 8. Annita pasó rápido, sin mirar a nadie, casi sin pararse, y hubo que forzar la foto o el autógrafo. No contestó a nadie a los elogios o preguntas que se le hicieron, ni nos miraba. Sólo habló en ruso con un tipo que no sé quién era y con Yusi. Y él si, estuvo simpatiquísimo con todo el mundo, firmando y haciéndose fotos. Uno de los ocho era el clásico friki que sacó 17.000 fotos, CDs, DVDs y el resto de parafernalia para que se las firmaran y mientras Yusi se las firmaba, Anna, que le miró de reojo, se le escapó.
En fin, una Diva.
Por eso yo me hice una foto con ella y con Yusi no, no me interesaba. Así es la vida.
Saludos
Última edición por Mandryka el 16 Nov 2025 19:54, editado 1 vez en total
|