
Dentro del rechazo general que siento por los
remakes (generalmente, qué necesidad; sobre todo, si se trata de dulcificar, americanizar y/o "happyendizar" las obras originales), hago una honrosa excepción a las ocasiones en que un mismo director se embarca en la iniciativa de volver a contar algo que ya había llevado previamente a la pantalla. Ejemplos los hay muchísimos: Alfred Hitchcock con El hombre que sabía demasiado, John Ford con The sun shines bright, George Cukor con Ha nacido una estrella, George Sluizer con The Vanishing, Michael Mann con Heat, Howard Hawks musicalizando Bola de fuego, Leo McCarey con Tú y yo, Cecil B. De Mille con Los diez mandamientos, etc.
William Wyler llevaría al celuloide por una segunda vez la obra
The Children's Hour de Lillian Hellman, en la celebérrima adaptación protagonizada por Audrey Hepburn y Shirley McLaine, pero esta es la primera vez que lo hizo, y pese a todas las limitaciones de la época, se trata de un film excelente. El código Hays no permitía que, en la pantalla, la calumnia vertida sobre las dos maestras se tratase de una relación lésbica, y por ello, la maledicencia versa en esta ocasión sobre el modo en que, supuestamente, una de ellas interfiere en la relación de la otra con su prometido (al que ama en secreto). Pero
concedido ello, y también la falta de suicidio de Martha y el fugaz y un poco forzado happy end para la pareja protagonista
Merle Oberon, Joel McCrea, Miriam Hopkins (que encarnaría el papel de su aprovechada tía en el remake), Catherine Doucet, Alma Kruger y, sobre todo, la sensacional Bonita Granville como la alumna malcriada y manipuladora (papel por el que, a sus 13 años, fue candidata al Oscar) ponen en pie de forma espléndida el texto de la obra de Hellman, adaptado por ella misma para la pantalla en todo lo que permitía esta versión de la trama. Pese a los 90 años transcurridos desde su realización, la verdad que desprende el texto sigue haciendo de este film una película hiriente y conmovedora.