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 Asunto: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 18 Ago 2025 16:17 
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Tomo 1. El festival


1.1 Introducción.


Es una ocasión singular el que, en este mundo tan nuestro de la ópera, en periodo estival crezcan como setas festivales de lo más variopintos a lo largo de toda la geografía del mundo mundial.


Es un fenómeno que no se da en otras artes (salvo excepciones) y abarcarlos todos es tarea imposible. Y hay festivales aquí y allá, en España, en Europa, en América. Y los hay convencionales, y los hay originales, y los hay únicos.


Entre estos últimos y entre los que más me apetecen, me he propuesto asistir a uno de ellos, cada verano, los próximos 5 años, y así por ahora lo ha aceptado mi parienta, condición sine qua non, porque si no lo acepta, ni festivales ni leches. No es que nunca antes hubiera asistido a ninguno, conozco Verona, Perelada, etc.. , es que voy cumpliendo años y no quiero, mientras la cartera y la salud aguanten, perderme alguno de ellos. Veremos cuánto dura el agreement.


He comenzado este verano y me ha dado por atacar a uno de los más originales y más complicados (sobre todo si te lo preparas todo tú mismo, como hago yo) y ha sido una experiencia inolvidable. Es de esos festivales que no solo puntúa la obra y la interpretación, puntúa todo el paquete: Glyndebourne. Este maravilloso festival que tiene su origen en 1934 tras los esfuerzos de un fabricante de órganos y su mujer, una cantante de ópera, se ha convertido en un referente musical y una experiencia única.

Puntúa la ubicación, in the middle of nowhere, en la campiña de Sussex, entre prados, jardines de rosas, esculturas de prestigio y ovejas.

Puntúa la jornada que se disfruta, tan particular que las puertas abren a las 2, la ópera empieza a las cuatro y en el descanso, de una hora y media, se puede traer de casa o encargar un picnic entre las flores, los prados o las ovejas, para, a continuación, comido y bebido, continuar con la ópera.

Puntúa la puesta en escena, dress code de Ascot. Obviamente, se puede ir como se quiera, pero el 90% de los hombres van de esmoquin (black tie), algunos muy originales, y las mujeres van de gala.

Puntúa el maravilloso teatro, de madera clara, con una acústica extraordinaria y exposiciones de arte y de ópera maravillosas.



1.2 Brighton.



Al estar in the middle of nowhere, hay que buscar una ubicación de la que partir, puesto que ahí no hay donde alojarse y más si se quiere hacer algo más que asistir a la ópera (vamos, turismo). La opción más plausible es Londres, con su enorme oferta de entretenimiento estival, pero yo decidí acercarme a Brighton, que está más a mano que Londres (30 minutos en taxi, mientras Londres está a 1 hora y cuarenta minutos).


Pues eso, volví a Brighton al que no volvía desde los tiempos de Quadrophenia (1979), cuando era un chaval (teenager) y me enviaron cerca de Brighton a aprender inglés dos veranos consecutivos.


Brighton siempre ha sido una ciudad alternativa, muy moderna y un tanto outsider. Se unió a Hove no hace mucho y forman la misma ciudad, pero ya en sus tiempos, cuando a Sir Lawrence Olivier vivía por ahí, si le preguntaban si vivía en Brighton, contestaba: “Hove, actually”, como diciendo: “no me ofenda”.

Y la frase se mantiene convertida en un clásico. Brighton es una ciudad bellísima convertida en un basurero. En una ubicación privilegiada, con su playa de cantos rodados a distintos niveles, su Pier, su i360 y sus Lanes, está sucia, llena de grupos de borrachos y drogados tirados por los suelos y de otras tribus, todo roto, todo mal mantenido, todo cutre. Alternativo es, y hay a quien le encanta lo alternativo, pero si no les gusta verse acosado por drogatas desdentados pidiéndoles dinero, váyanse a Eastbourne, que también tiene Pier y las seven sisters están más cerca.



1.2 Glyndebourne sin ópera



Es-pec-ta-cu-lar, para quien le guste sumergirse un rato en Downton Abbey.


Como la mayoría de la gente son locales que acuden en su propio coche, lo primero es buscarse la forma de llegar. Se puede ir al pueblo más cercano, Lewes, en tren y desde ahí reservar los autobuses que la organización pone como conexión (coaches) entre la estación y el recinto del festival. Lo cobran, como todo, por lo que, si van varios, recomiendo ir en taxi.


Al llegar al recinto hay una barrera vigilada en la que hay que enseñar las entradas a la ópera para que dejen pasar al taxi, y a partir de ahí se empiezan a ver esmóquines y joyas. Trasnochado, puede, ridículo, tal vez, pero Lord Cacahuete me entenderá, mi hijo (que acudió con nosotros) y yo nos calzamos un esmoquin y mi mujer fue bellísima, como siempre. Algunos esmóquines y trajes femeninos eran arriesgados, rompedores, pero eso también daba color al evento.


Si se quiere disfrutar del picnic del intermedio, hay que, previamente, en la web, seleccionar la zona, y alquilar una mesa, cosa que hice, no sin dificultad por mi desconocimiento y torpeza. Como muchos se traen el picnic de casa pueden, también, reservar mesa, pero los hay que prefieren extender una manta sobre el prado y allí degustan las viandas.


La comida se puede encargar también en la web, y lo hice, pero la gente se la puede traer de casa. Los hay que se traen de casa, también, jarrones con flores, vajilla, cubertería, cristalería y hasta candelabros. Todo muy British. Eché en falta algún mayordomo. El menú del picnic que escogí fue el tradicional y hay que decir que contenía entre muchas otras cosas, ensalada de salmón ahumado, roast beef y solomillo Wellington con sus salsas, crema inglesa con frutos del bosque, café y té. Impresionante.


Al llegar, antes de comenzar la ópera, hay un punto de recepción de mesas de picnic reservadas y un camarero acude y te lleva a la zona y a la mesa reservada, para que sepas cual es y te sirven unos aperitivos con una jarra de agua fresca.

En el descanso, acudes a la mesa asignada y ahí te espera una cesta térmica con las viandas encargadas. También se puede comer en el restaurante que hay, pero francamente, restaurantes hay en todas partes.


Antes, durante o después, se puede pasear por los jardines, los prados, las exposiciones de arte, las tiendas y los bares que están montados por todo el recinto.


Al acabar la ópera, la mesa sigue ahí, y muchos de los asistentes vuelven para seguir disfrutando de la campiña inglesa.


Hay que luchar para que la inmersión en película de época de la BBC no te estropee la visión de la ópera.


Última edición por Mandryka el 18 Ago 2025 20:50, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 18 Ago 2025 18:09 
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Maravillosa primera parte, amigo Mandryka , y esperando ansioso a la segunda!!

Pero una cosa… ese descanso de hora y media no desvirtúa un poco el disfrute de la representación?

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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 18 Ago 2025 18:38 
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Visto el menú del picnic, casi podríamos preguntar si la representación no desvirtúa el disfrute del picnic.

Fascinante crónica, espero los siguientes capítulos ¡Bravo!

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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 18 Ago 2025 23:19 
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Tann escribió:
Visto el menú del picnic, casi podríamos preguntar si la representación no desvirtúa el disfrute del picnic.

Fascinante crónica, espero los siguientes capítulos ¡Bravo!


+ 1 que se une a esta extraordinaria e irónica crónica, esperando la continuación . :aplauso:

Los british son muy british en sus tradiiciones y supongo amigo Mandryka, que ya habrá aprendido a conducir por la izquierda ( y no hablo de progresía política ) :lol:
Solamente he notado a faltar en el menú, el tradiicional “ fish and chips “ :lol:

( ya hablaremos en septiembre de las temporadas barcelonesas y valencianas )


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 19 Ago 2025 8:56 
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Abriré un paréntesis culinario, de obligado relato en toda narración que se precie. Gran error mío el no haberlo comentado directamente en el tomo 1, pero el gran Tucker ha venido a recordarme mi imperdonable olvido.


Efectivamente, di buena cuenta de un par de Fish and Chips, símbolo y enseña de la dieta alimenticia de la costa sur de Inglaterra.

Hay que empezar subrayando que la comida inglesa, por lo general, es malísima, de las peores que existen. Principalmente porque los ingleses no saben cocinar. Está extendida la creencia de que los ingleses no saben comer, pero no es cierto, lo que no saben es cocinar. No hay más que ver que cuando vienen a España se ponen tibios.


Pues bien, la oferta culinaria en Brighton no es muy brillante. En la playa, las arcadas antiguas que servían de refugio, antaño, a pescadores, bañistas y otros, se han convertido, en su mayoría, en karaokes, tiendas de souvenirs, supermercados que venden de todo y locales inmundos e infectos en los que despachan helados y/o comida grasienta.

Casi al final del paseo marítimo inferior, dónde se acaban dichas arcadas, para situarlo mejor: dónde aterriza una absurda tirolina que han plantado en la playa, dónde comienza la línea del tren eléctrico en funcionamiento más antiguo del mundo, que une la playa central de Brighton con una playa nudista, también de cantos rodados, que se haya justo llegando a la marina, ahí me tomé mi primer Fish and chips.

El local era inmundo e infecto, lleno de freidoras desprendiendo aromas cargados de grasa fétida y lo despachaban un par de pakistaníes.
Pero estaba lleno. Los de alrededor semi vacíos y este con cola.

Y yo que siempre he sido valiente, encargué un completo, que me lo dieron en un recipiente aceitoso de cartón y ardiendo. Tenía como opción echarle una serie de salsas (mayonesa, kétchup, tártara, vinagre) que se encontraban en unos biberones con estalactitas y estalagmitas, con churretones exteriores fosilizados en un color distinto a la salsa base. Estos recipientes de autoservicio de fluidos se hallaban en un apartado de la barra a disposición de quién quisiera, aunque no hubiera consumido nada.
Yo, que siempre he sido valiente, me serví algo que parecía salsa tártara y mayonesa.

También existía la opción de sentarse en unas mesas en las que se encontraba la comida y la bebida de los comensales de los últimos días o semanas sin recoger, y en las que se quedaban pegados los codos y los brazos por el efecto adhesivo de los fluidos residuales ahí depositados Dios sabe cuándo.
Yo, que siempre he sido valiente, ahí me senté.

Y el Fish and chips estaba buenísimo. Glorioso.

Y mi mujer y mi hijo, que habían estado insultándome ante mi osadía y empecinamiento, quisieron repetir, y repitieron.


Cabe resaltar que encontrar un restaurante decente en Brighton, es complicado. La zona de la playa y sus chiringos pestilentes ya los he comentado. En la zona comercial, prácticamente sólo hay locales (muchos) de comida rápida. Cadenas internacionales.

En los Lanes, dos días más tarde, encontré un restaurante decente, y ahí me comí mi segundo Fish and chips.


Me lo comí, compartido con mis familiares junto con un pastel de carne, también compartido (el pastel de carne, lo recordaba de mis tiempos adolescentes como un engrudo vomitivo). Todo ello regado por una pinta helada riquísima.


Tengo que reconocer que el pastel de carne estaba buenísimo y, tengo, con más valor, que reconocer, que el Fish and chips de los pakistaníes de la playa, estaba mejor que el del restaurante.

Y es que yo, siempre he sido valiente.


Última edición por Mandryka el 24 Ago 2025 14:06, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 19 Ago 2025 14:55 
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Tomo 2. La ópera.



2.1 La ópera. El teatro.


Ubicada cerca de Lewes, en la campiña de Sussex, la ópera fue fundada en 1934 por John Christie, fabricante de órganos y su esposa, Audrey Mildmay, cantante de ópera, quienes buscaban crear una experiencia única e íntima para sus invitados presentando funciones en un teatro integrado en su casa. En principio contó con 300 localidades. El recinto, con sus jardines, sus esculturas y sus rincones, es bellísimo.


En 1987, George Christie, hijo del fundador John Christie, se dio cuenta de que el antiguo teatro construido por su padre no podía albergar producciones cada vez más exigentes técnicamente, y además tenía dificultades para satisfacer la demanda del público, ya que tenía un número muy limitado de entradas.

En 1994 se construyó un nuevo edificio, el primer teatro de ópera construido expresamente en el Reino Unido desde el teatro original de John Christie en 1934. La ópera original fue reemplazada por un nuevo auditorio de vanguardia, ubicado junto a la mansión, una casa de campo eduardiana, en un terreno de 5 hectáreas de jardines. Fue diseñado por los arquitectos Michael Hopkins y Ewan Christian, alcanzando las 1200 localidades, e introduciendo tecnología e instalaciones entre bastidores significativamente mejoradas.


Atemporal y a la vez contemporáneo, el nuevo teatro se giró para integrarse mejor con los jardines, hundiendo el nuevo edificio 10 metros en la pendiente para disimular su volumen. Está construido con ladrillo rojo ofreciendo vistas a los jardines. A mí, personalmente, me parece un tanto feote por fuera.

Entre las condiciones para el nuevo teatro se encontraba la acústica, que debía ser la mejor posible. El auditorio adopta la forma tradicional de un teatro de ópera europeo, con forma de herradura, con una platea ligeramente inclinada y tres pisos. Revestido de pino tea centenario, su forma se adapta con precisión a la acústica requerida, con frentes de balcones especialmente curvados para reflejar el sonido del escenario. El resultado es un ambiente íntimo con una acústica excepcional de claridad y riqueza. Iluminado por pequeñas lámparas, emite una cálida luz. «Es el instrumento definitivo, literalmente una caja de música», según los arquitectos Michael Hopkins and Partners, pero ¿qué van a decir ellos si son los que lo han construido?

El foso, está algo cubierto por el escenario, lo que provoca una acústica particular y mucha cercanía a los intérpretes. Cada asiento ofrece una vista perfecta del escenario.


A la vista, el teatro es ideal. Es lo suficientemente pequeño como para permitir que cada detalle de las expresiones faciales en el escenario se vea sin dificultad desde la última fila; el arco del proscenio es de proporciones finas y la decoración, un modelo de simplicidad y elegancia.

Cuenta con varios edificios colindantes, que francamente, no los identifiqué y no los investigué. Recovecos, salas y exposiciones que no me dio tiempo de recorrer ya que la comida era opípara y prioritaria. Ahora me duele no haberle dedicado más tiempo al dentro pero fuera de la sala del teatro.


La orquesta titular es la London Philharmonic Orchestra, con una larga e ilustre trayectoria en Glyndebourne. Desde 1964, es la orquesta sinfónica residente del Festival de Glyndebourne. Y los directores musicales, aunque Robin Ticciati, el actual, se me antoja el más flojo, forman una lista de ensueño e inmejorable: Fritz Busch (1934–1951), Vittorio Gui (1952–1963), John Pritchard (1964–1977), Bernard Haitink (1978–1988), Andrew Davis (1989–2000), Vladimir Jurowski (2001–2013) y Robin Ticciati (2014–presente)



2.2 La ópera. Katia Kabanova



Escogí Katia Kabanova a conciencia por diversas razones, frente a las otras alternativas: El Barbero de Sevilla, Parsifal, Las bodas de Figaro, Saul o Falstaff.

La primera razón fue la duración, no quería a mi familia meterles un Parsifal entre pecho y espalda con su descanso de hora y media para el picnic. Irremediablemente me habrían cancelado los festivales futuros.

No me apetecían ni el Barbero, ni Saul (que no es una ópera), ni Falstaff. Me quedaban las Bodas y Katia, y pesó también el que Kabanova es más difícil de ver, siendo un operón.

Glyndebourne, que es muy mozartiano, también es muy de Janacek (como de Strauss), dónde se han interpretado varias de sus óperas y algunas, como Katia, varias veces.


Katia Kabanova es una obra maestra.


Leos Janáček dio un gran giro a su vida a los 60 años, y sirve de consuelo y esperanza a los que en ese rango nos encontramos. Con 60 y tantos, la ópera Jenufa, escrita por el compositor hacía 12 años, fue reestrenada en Praga y finalmente se le vio como algo más que un excéntrico aficionado que escribía óperas populares de pacotilla.

Por aquel entonces, con sesenta y tantos, Janáček conoció a Kamila Stösslová, una madre casada de veintitantos años. Lo que siguió fue una de las relaciones entre musa y artista más extrañas, pero creativamente fértiles de la historia. Kamila nunca intimó con Leos (no chingaron). Él quería, pero ella no. Si hubiera sido al revés, hubieran chingado. Kamila mostró poco interés por su obra y su apasionada correspondencia. Janáček, sin embargo, canalizó su amor incondicional por Kamila en una serie de obras maestras. Una de ellas fue una intensa historia operística sobre el adulterio y sus repercusiones en una pequeña ciudad rusa. Vamos, los cuernos deseados los proyectó en una obra de cuernos reales, pero el pesimismo eslavo obligaba a un final dramático.

Janáček necesitaba otra oportunidad de vivir, incluso si eso significaba una vida de fantasía en las páginas de sus penas. Sus dos hijos habían muerto y su matrimonio era un desastre. Katia fue la primera ópera con la que pudo satisfacer mentalmente su obsesión por Kamila, para la cual utilizó su propia adaptación de la traducción checa de Vincenc Červinka de la obra de Alexander Otrovski, La Tempestad. Es la historia de una mujer infelizmente casada, dividida entre sus pasiones carnales y su propio sentimiento de culpa, ambientada en un pueblo claustrofóbico, con personajes despiadados, a orillas del Volga. En una carta a Kamila, Janáček se refirió al crecimiento de su ópera en ella. Para el compositor, representaba nada menos que su hijo en común.


La narrativa de Ostrovsky encajaba a la perfección con Janáček, quien destacaba por atemperar la brutalidad con la ternura, una combinación potente para una cultura operística del siglo XX ansiosa por demostrar que el realismo era solo otra cara del melodrama. El compositor describió a su heroína, Katia, como una mujer gentil por naturaleza… que una brisa la llevaría lejos. Es una de las soñadoras más cautivadoras de la ópera, un eco de Madama Butterfly, cuyas palabras aportan los raros momentos de ternura de la partitura y que no puede evitar su destino.


El estilo musical de Janáček se encontraba en posición para explorar la vida rural en la Europa del este pre soviética. A diferencia de otras grandes figuras de la música checa, Janáček nació lejos de cualquier gran ciudad. Escuchando las conversaciones, canciones y bailes de su Moravia natal, el compositor rechazó las normas aceptadas por la música occidental y desarrolló un estilo musical personal basado en la idea de que los ritmos del habla consagran la expresión del alma humana.


Katia Kabanova, al igual que Jenufa, captura la crudeza e impureza de la vida real con naturalismo vernáculo y brutalidad física. La música de ambas óperas se enfrenta a un transcurrir áspero y furioso con intención trascendental. El checo hablado da forma a la música (en el que las sílabas largas a menudo no son las que dan el acento) que está compuesta por orquestaciones descarnadas que pueden tener metales graves que suenan con crudeza, cuerdas que se mueven desde un brillo luminoso hasta una brusquedad cortante, y vientos dulces e inocentes que repentinamente atraviesan la orquesta como sierras. En el fondo, muy de Janáček, se esconde un timbalista que parece estar al borde de la locura.


Una novedad en Katia fue la fuerza dramática y la concisión, que se realza con la expresividad del pequeño personaje. Los dos tonos que escuchamos en timbales al comienzo de la ópera, con cuatro golpes cada uno, se convierten en el motivo distintivo de la ópera ("todo el peso del drama reside en ellas", escribió Janáček). Casi de inmediato, esas mismas ocho notas se interpretan con cascabeles y oboes, creando un efecto totalmente contrastante. Se abren paso a lo largo de toda la partitura hasta regresar, más desgarradoras que nunca, en sus compases finales. Los ocho golpes de timbal, que reproducen el llamado ‘tema del destino de Katia’, reaparecerán de manera recurrente en el transcurso de toda la ópera.

Por otro lado, escuchamos retratos de la abrasiva Kabanicha, cuya música angular contagia a Tichon del mismo modo que la suavidad de Katia contagia a Boris.


Katia Kabanova es probablemente la ópera más cerebral del compositor. Nos interesa la heroína porque su torbellino emocional la ha desgarrado; nos exaspera la debilidad de su marido y la crueldad de su posesiva suegra; mientras que Varvara y Kudrjáš, los amantes paralelos del libreto, protagonizan un romance libre de las complicaciones que acosan a Katia: el hombre con el que se casó (Tichon) y el hombre al que ama (Boris).

No se trata, pues, de una ópera de paisajes.


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 19 Ago 2025 15:21 
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Fabuloso, qué mejor lectura para empezar una buena siesta que los escritos de Mr. Mandryka.

De valientes están los cementerios llenos.

En el escudo de armas familiar se puede ver la frase que eligió mi padre: "Siempre en la parte de atrás de la retaguardia".

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Mejor un mal Verdi que un buen Britten.


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 19 Ago 2025 18:19 
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Sr. Mandryka, lucimiento de excelencia en toda su narrativa, culinaria ( asevero que los british son de los peores cocineros que existen, desperdiciando la bastante buena materia prima que disponen ) y musical / operística . :aplauso: :aplauso:


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 19 Ago 2025 19:18 
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Don Miguel de Cervantes y Saavedra (a) Mandrika, eres increible, querido.


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 20 Ago 2025 0:01 
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Bravo Sr. Mandryka

Pero permítanme hacer una (imposible) defensa culinaria de la Pérfida Albión. No hablaré de los fantásticos restaurantes indios que se encuentra uno en Londres (el Hindustan fue parte del imperio durante 200 años) ni de que el pollo tikka masala se inventó en Glasgow. A servidor le encantan sus pasteles, “pies”, de carne; recuerdo uno de reclinatorio en un pub de York, muy cerquita de la catedral. Sin embargo, huyó como alma del diablo del fish and chips; en mi última visita a Londón se me ocurrió hacer caso a la camarera, muy British ella, del pub y pedirlo…… dejémoslo ahí. Finalmente, he defendido, defiendo y defenderé que el English breakfast, con un buen café, es el mejor desayuno posible en el mundo mundial, salvo las “beans” que no me como , el resto es la perfección hecha desayuno.

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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 20 Ago 2025 8:38 
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Tann escribió:
Finalmente, he defendido, defiendo y defenderé que el English breakfast, con un buen café, es el mejor desayuno posible en el mundo mundial, salvo las “beans” que no me como , el resto es la perfección hecha desayuno.


Los english breakfast ( sin los porridge, por supuesto ), son una excepción y si son muy apetecibles y hasta contundentes. Te evitan el lunch del mediodía :lol:


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 20 Ago 2025 9:31 
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Tomo 3. Agosto 2025.


3.1 Agosto 2025. La representación.


La producción final de la actual temporada de Glyndebourne es un reestreno de la puesta en escena de Damiano Michieletto de Katia Kabanova estrenada en 2021, cuando el Reino Unido salió del confinamiento, con los cantantes manteniendo la distancia social en el escenario y una orquesta reducida en el foso.

Por ello, la actualización del revival hecho por Eleonora Gravagnola ha cambiado muchas cosas de la versión presentada en 2021.


Es una puesta en escena que transforma una obra esencialmente naturalista en una exploración simbolista de la mente de su heroína, y una ópera que esencialmente trata sobre la oscuridad del alma humana, se reinventa ahora en un blanco aséptico y clínico. Hay pocas sugerencias del mundo natural que reflejen la crisis central, solo un resplandor fosforescente visto entre las grietas de las paredes blancas que encierran a Katia. Michieletto es implacable en su descripción del abuso de Kabanicha, pero al mismo tiempo, el contexto social es vago y perdemos de vista la tragedia de Katia con sus conflictos entre el autoritarismo y su ansia de libertad.

Michieletto se basa en sus sueños y fantasías. Ella se imagina volando libre como un pájaro, aunque las jaulas de pájaros, que proliferan en el escenario, solo sirven para acentuar su creciente sensación de estar atrapada. El ángel con el que soñó en la iglesia de niña ahora acecha su imaginación adulta, herido, con las alas ensangrentadas. Esta figura es una actriz que va paseando por el escenario, bizantina, y está sobreutilizada. Es un recurso ya demasiadas veces visto y que aporta lo justo. Sus plumas revolotean mientras Katia cede ante Boris, aunque Michieletto arruina la escena de amor posterior al traer a Kabanicha al escenario para arrancarle las alas al ángel y encerrarlo en una jaula: chorrada innecesaria para cubrir el cupo de genialidades.


La prensa local ha criticado duramente la puesta en escena, aunque a mí no me disgustó tanto y no me distrajo demasiado como para pasar por alto la concentración emocional y dramática que la producción logra, a través o a pesar de ello. La concentración, de medios y método, es una de las grandes cualidades de Janáček, y exige una sensibilidad particular para el ritmo y el carácter especial de cada momento por parte del director.


Robin Ticciati
posee esta sensibilidad, y esta es una interpretación excepcional de la Orquesta Filarmónica de Londres, con una extraordinaria atención a los detalles instrumentales, una exquisita interpretación de cuerdas en la escena final, un equilibrio meticuloso en todo momento (algo no siempre fácil en Janáček), pero también un fuerte sentido de la escena y una coordinación impecable entre música e idea.

La obra suena magníficamente, aunque Ticciati quizás se impone más en el lirismo de la partitura que en su violencia incipiente. El cierre del primer acto, y de hecho la tormenta culminante que desquicia la mente de Kaťia podrían haber sido más tensos.

En cualquier caso, la partitura sonó gloriosa, a veces cálidamente lírica, a veces dolorosamente perturbadora (a menudo ambas a la vez), en las hábiles manos de Robin Ticciati.


Las voces, a veces en Glyndebourne, no son lo más destacable. Cuidan la orquesta, cuidan la dirección, cuidan la puesta en escena, pero, inexplicablemente, no son muy exigentes con las voces. No hay más que ver que el Parsifal de este año ha sido el flojísimo Daniel Johansson. A pesar de ello, a veces surgen gratas sorpresas en voces casi desconocidas y en Katia Katanova, se ha dado el caso.


Katia Kabanova fue la soprano checa Kateřina Kněžíková, una artista que se siente plenamente identificada con el lenguaje de la obra, de una intensidad y elocuencia soberbias, la única superviviente de la producción original. Kněžíková estuvo realmente bien en el papel principal, con un tono plateado pero cálido, un control dinámico impecable, y creíble en su descripción del conflicto interno de Katia. Incluso es posible que se beneficiase del escenario vacío, sumida en su propia psicosis, azotando las paredes blancas tanto vocal como físicamente. Su control en esta difícil música nunca flaqueó, su capacidad para transmitir el tormento incurable de esta joven, mantuvo una hermosa línea expresiva: todo de una veracidad horrible y conmovedora. Interpreta con credibilidad y arrojo y trabaja muchísimo. Merecida ovación final.


Nicky Spence que interpretó a Tichon hace 4 años, asumió el más gratificante personaje de Boris. Spence se ha convertido en todo un especialista en Janacek y este año ha cantado un mínimo de 3 papeles cuando lo que más le gusta, según él, de Chequia, es la cerveza Pilsner. A mi nunca me ha gustado mucho, le vi también en la Jenufa de la ROH y mi impresión no ha mejorado. Histriónico, voz puntiaguda y agria.


Tichón estuvo en manos de Jaroslav Březina, quien, al igual que Kněžíková, canta en su lengua materna. Cantó este papel también en la Kabanova de Salzburgo con Corinne Winters. Mucho no hay que sacar del ingrato papel. Correcto.


Susan Bickley está musicalmente correcta como Kabachina, pero con una expresión de felicidad y desenfadada como Kabanicha, que como que no. Es el papel menos conseguido de este repulsivo personaje por Michieletto. Una Herlitzius, como que repugna más, acojona más.


Sam Furness
lo hace todo bien como Kudrjáš, me ha encantado. Es un secundario que canta más que los primarios. Muy bien actuando, desenfadado, dinámico, transmitiendo la intención y la voz, que en cada momento llegaba con claridad y credibilidad.


Rachael Wilson, fue la revelación de la noche como Varvara. Otra secundaria que canta y actúa un montón. Su timbre de mezzosoprano es potente y hermoso. Bellísima su escena con Kateřina Kněžíková. Conmovedor el cuarteto de amor del final del segundo acto.


Sir John Tomlinson, es a la vez cascarrabias y melodramático como el áspero Dikoj. No sé. Fue Titurel en Parsifal. No sé. Tampoco entiendo el pegote que Janáček introduce en el segundo acto en su escena con Kabachina, que me parece prescindible. No sé.



3. 2 Agosto 2025. Epílogo.


El Festival de Glyndebourne es más que un Festival de ópera, es una experiencia. Y así hay que reconocerlo, y así hay que acercarse. Los que sólo busquen la música, también la tendrán, pero se perderán una gran parte del evento, lo que lo hace diferente, lo que lo hace único.


Los habrá que desprecien lo que lo rodea, por elitista, por esnobista, por lo que sea.
Tengo respuestas para cada uno de ellos, porque hoy la élite es otra cosa. Me he gastado menos en mi semana británica que compañeros de trabajo que han escogido una semana en Denia o en Jávea, o una semana en Punta Cana o en Vietnam. Incluso que algunos que se han ido al pueblo. Cada uno, con libertad, que haga lo que le de la gana, y si a mi me apetece escuchar buena ópera viviendo una experiencia, pues lo hago, y si pica, que se rasquen.


A los que les parezca elitista, esnobista, trasnochado, o lo que sea, que cambien de canal y no vayan.


Los coleccionistas de experiencias, y yo me reconozco uno de ellos, deben intentarlo. Y si pueden y quieren hacer una inmersión en el ambiente, que lo hagan, que el disfrute es máximo. Que escojan el paquete completo, que no es fácil de organizar, pero se puede.


Se queda en la memoria para siempre, como tantos recuerdos que la ópera me ha dejado de Milán, de Berlín, de Zurich, del Met, del Real, del Liceo, de Les Arts… Y de eso, entre otras cosas, se alimenta mi alma.


Si me gustase montar en bicicleta, me compraría una bici, eléctrica (como se la ha comprado mi hermano) y saldría a hacer ver que hago deporte, como hace mi hermano.


Pero no me gusta montar en bicicleta. Me gusta la ópera. Siempre he sido el hermano raro.


Un fortísimo abrazo para el Gato y su familia.


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 20 Ago 2025 9:52 
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Epílogo de excelencia que culmina esta gran experiencia de Mandryka y familia. Ha sido una gozada leerlo!
( y Tomlinson, un grande de la ópera )
Lo único que si te diría qué ópera y bici eléctrica no son incompatibles. Lo dice servidor , amante de la buena ópera ( y de la menos buena ),, así como de la bici eléctrica por esos macizos y viñedos tan atractivos como los del alto y. Ajo Penedés.
Hasta un próximo encuentro, amigo Mandryka.! :aplauso:


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 20 Ago 2025 10:00 
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Interesante y muy inglesa experiencia. En mi caso, y lo acabo de comprobar, me aprovecho de los restaurantes españoles en aquellas tierras donde comes a tu hora, además.
También entiendo la inmersión en ese peculiar mundo operístico-campestre. Me alegro por ustedes.

_________________
Di pasta simile son tutti quanti.


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 Asunto: Re: Katia Kabanova. Glyndebourne, verano de 2025
NotaPublicado: 20 Ago 2025 10:09 
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Registrado: 26 Sep 2015 22:59
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Despinetta escribió:
Interesante y muy inglesa experiencia. En mi caso, y lo acabo de comprobar, me aprovecho de los restaurantes españoles en aquellas tierras donde comes a tu hora, además.
También entiendo la inmersión en ese peculiar mundo operístico-campestre. Me alegro por ustedes.



Gracias. Yo, en Londres, siempre como en restaurantes españoles, y los hay muy buenos. También hay algunos que prácticamente sólo despachan jamón y/o queso manchego, a los que también frecuento.


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com