



Sigo explorando el cine nazi, y especialmente el propagandístico de finales de los años 30 y principios de los 40. Uno no deja de sorprenderse por la calidad de estas películas, que fueron muy eficaces a la hora de adoctrinar al público alemán en el supremacismo más vil.
Tras la Noche de los Cristales Rotos, y sin que surgiera un entusiasmo antisemita en las calles que colmara las expectativas de Joseph Goebbels, éste decidió que las productoras de cine rodaran películas antisemitas. Una de ellas es "Robert und Bertram", de 1939, basada en una obra teatral homónima del siglo XIX, popular en aquellos años, sobre las aventuras de dos vagabundos, y que ayudan al pobre dueño de una posada a pagar las deudas contraídas al banquero Ipelmeyer. Aquí es presentada como una divertida comedia musical... pero cuando la historia pone el foco en Ipelmeyer, de voz casi de mosquito y cuya presencia repele a Robert, basta con ver su cara de odio disimulado cuando Ipelmeyer le dice que es israelita, y su familia, es cuando el antisemitismo asoma de una manera atroz. Ipelmeyer y su esposa, que además le es infiel con el consentimiento de su propio esposo, son presentados como dos incultos (para la señora, su hija es tan hermosa como "la venus de Médici"), solo interesados en el dinero, mientras que su hija habla francés por esnobismo. El pretendiente de esta, le recrimina que por qué se fija en el "goyim" conde de Montecristo, que no es nada menos que Bertram, interpretado por el actor tenor Rudi Godden. Fuera de este racismo amable pero feroz, es una comedia musical costumbrista, pero solapada por este retrato de odio en forma de comedia.
Douglas Sirk se llamaba en realidad Detlef Sierck, y trabajó en los primeros años en la Alemania Nazi. Tuvo un hijo, Klaus Detlef Sierck, cuya madre le arrebató la custodia a Sirk por casarse con una judía, que fue uno de los actores infantiles más populares en la Alemania nazi. En 1941, fue el protagonista de una entretenida película llamada "Kopf hoch, Johannes", en la que interpretaba a Juan, un adolescente criado en Argentina que tras la muerte de su madre, se cría en Alemania con su padre, un hacendado. Ante su rebeldía, es enviado a una Napola, una escuela para la élite nazi, que fue cantera para las SS y la Wehrmacht. Allí el chico se convierte en un joven nazi modelo. No obstante, se trata de un relato idealizado, pensado para los jóvenes, sobre esas crueles escuelas nazis. Juan, ahora Johannes, tiene un amiguito al que le dispensan de nadar porque tiene un trauma por haberse ahogado su hermano en un lago. Demasiada piedad en un entorno tan cruel resulta poco creíble. Sierck era un joven muy delicado. Esto molestaba a Goebbels, quien según Veit Harlan, mandó al pobre Klaus Detlef al frente, muriendo en Ucrania a los 19 años en 1944, en plena batalla.
"Los Rotschild", sobre esta familia de banqueros, es una de las películas antisemitas más famosas. Pero a mí el tema de líos banqueros, especulaciones financieras y empresas me aburre mucho. De hecho, me costó ver esta película porque me quedaba dormido a cada rato. Pero el vil mensaje está ahí: los Rotschild son mostrados como una familia con conexiones en toda Europa, que se lucran con el dinero del pueblo, arraigándose y corrompiendo a la sociedad inglesa. Nathan Rotschild es un orondo, pingüinesco y repulsivo personaje que si bien inspira respeto con el dinero, no consigue encantar a los ingleses, quienes le dan plantón en un banquete lujoso, y en venganza arruina a sus enemigos y se enriquece con las guerras napoleónicas. Al final, Rotschild, con una sonrisa macabra se proclama embajador de Jerusalén, y traza un mapa de sus conexiones con la estrella de David.
"El eterno judío", es posiblemente, la película más perversa de la historia. Yo diría que es al cine, lo que "Los 120 días de Sodoma" de Sade, es a la literatura. Una película, de la que más allá no hay nada, el nivel más bajo de la depravación más absoluta. Si el francés usa sus perversiones favoritas para narrar y exponer desde su filosofía los abusos de los poderosos, esta película usa el odio en estado puro, para incitar el genocidio. Lo más peligroso no solo es toda la sarta de mentiras y embustes que se enumeran, la desvergüenza con la que presentan "el hábitat natural judío" que es en realidad el gueto de Varsovia, sino la forma en la que el "documental" juega con los prejuicios que existen con los judíos, manipulando el lenguaje para tal fin. Incluso cuando habla de cómo el cine estaba corrompido por los judíos, cuando muestra la escena final de "M", en la que Peter Lorre interpreta al asesino de niñas confesando su naturaleza, consigue manchar el impacto de la escena. Todo aquí es odio, manipulación y mentiras, que se convierten en pseudoverdades debido a la ventaja que toman del prejuicio. Las imágenes del sacrificio animal supuestamente "kosher" no he sido capaz de verlas. Al final, todo termina con la imagen de un "impecable" desfile de soldados nazis y esvásticas. Pero el fin de la película no supone alivio alguno. La cinta no tuvo éxito con el público pese a su masiva difusión en los cines. Sin embargo, sí lo tuvo con el personal de las SS y los campos de concentración, quienes tras su visionado se entregaban con más entusiasmo su labor genocida. Esa fue la peor tragedia.
Quitando la película del joven Sierck, tras ver estas películas no dejo de preguntarme:
¿Por qué tanta maldad?