http://youtu.be/vJ2VqJvprvA?si=srihdEHqrdZdkQXvPreparándome para la Manon de Oviedo (que supondrá mi "debut" en el Teatro Campoamor, que solo he visto por fuera), he decidido ver una versión clásica: el vídeo de
Beverly Sills de 1977 en la que fue su compañía, el New York City Opera.
Massenet pone música, una bella y tierna música, al drama de una mujer que al huir del destino preparado por su familia, ser monja, desafía a su entorno convirtiéndose en una cortesana hedonista, y al mismo tiempo una mujer independiente, cuya historia de amor, es lo único que la redime a los ojos del conservador público del siglo XIX.
La Sills, a tan solo tres años de retirarse cuando se filmó este vídeo, tiene la voz más madura, (algo que se nota en algunos sobreagudos) con algunas muestras de cansancio, pero en general sigue al más alto nivel vocal, y dueña de esa voz tan bella y musicalmente desgarradora, que la convirtieron en la leyenda que es hoy. Sills tenía ese timbre tan prístino que la hacía idónea para retratar el lado más dulce, cándido de las heroínas que interpretaba, y eso es algo que se amolda al lado, primero inocente del primer acto ,y luego frívolo en el tercer y cuarto actos. Pero también era capaz de conmover al espectador: en el acto segundo, se convierte en la viva expresión del dolor mientras canta, aferrada a la mesita donde tanto compartió con Des Grieux, el
Adieu notre petite table, cantada casi con un hilo de voz, pero capaz de emocionar a quien la oye. Luego mientras su amado le canta "En Fermant les yeux", su expresión doliente ante la inminente separación, da muestras del magnetismo en escena que debía de tener Sills. Y del mismo modo en el acto final, transmitiendo el arrepentimiento de una Manon en sus últimos momentos de vida.
Aunque la Sills es la principal atracción de esta producción, el reparto no desmerece.
Henry Price es un más que aceptable Des Grieux: con el physique du rôle para el rol, siendo joven y apuesto, pasando por una bella voz lírica, de timbre juvenil. Si bien en el primer acto parece un poco limitado por arriba, la interpretación crece varios enteros a medida que transcurre, con una tierna, con un toque más oscuro, interpretación del En Fermant les Yeux, llegando a ser vigorosa en el Fuyez douce image.
En una época donde había bajos y barítonos de verdad en América, podemos encontrar a un joven
Samuel Ramey como Des Grieux padre, el recientemente desaparecido
Robert Hale como Bretigny o el barítono
Richard Friedricks como un Lescaut excelente a nivel actoral y vocal.
Julius Rudel es un excelente director de orquesta, quien además muestra conexión con la ópera francesa, como su excelente Sansón y Dalila con Verrett y Domingo, y aquí acompañando bien y mimando a los cantantes.
La puesta en escena de
Tito Capobianco es conservadora, de telones pintados y cartón piedra, del gusto de la época, y que en un vídeo con mejor remasterización podría apreciarse mejor. Pero como en las producciones de su teatro vecino, el Met, resulta agradable a la vista y encaja aún mejor con la interpretación de Sills.
Ideal para quien quiera iniciarse con esta ópera, como yo acabo de hacer.