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Para mí, el problema no está tanto en las intenciones, el mensaje o la idea paralela que el regista quiere introducir. ¿Que puede haber un paralelismo entre el personaje y el cineasta? Puede; yo lo encuentro forzado y cogido por los pelos, pero puede ser. ¿Que se puede dar una lectura que exprese esto o lo otro? Puede ser, sí, pero para que se entienda, se ha de hacer muy bien. Y el problema esencial es que no está bien hecho. Uno puede tener una idea, brillante o peregrina, pero para que sea efectiva, ha de funcionar y para que funcione, se ha de trabajar mucho y bien. Y, simplemente, en esta producción, eso no pasa. El resultado en escena es confuso, poco inteligible y, por mucho que uno pueda conocer la filmografía o la obra escrita de Pasolini, en el resultado final no encaja bien con la obra en la que se quiere integrar esta propuesta. No es una cuestión de que haya desnudos, homosexuales ni vírgenes del Carmen: es que Villalobos no ha sabido ejecutar bien su idea y, al final, el producto falla. Ni funciona bien desde un punto de vista teatral, ni en la transmisión del "mensaje" (no se acaba de entender qué se quiere decir, cuál es la identificación de los personajes, qué pinta el niño por ahí...), ni tan solo en el plano estético, ya que, mirándola fríamente, la escenografía acaba siendo un decorado único con pocas variaciones, repetitivo y poco imaginativo, tanto en los elementos físicos como en la iluminación. Se le saca poco provecho, al fin y al cabo. La dirección de actores tampoco mata: el resultado es una actuación pobre y gélida. Si voluntariamente se ha eliminado el contacto entre los personajes, la pasión o una simple relación amorosa entre Mario y Floria Tosca... bueno, se entiende esa frialdad, pero no es, en absoluto, un acierto, ya que contribuye a esta confusión continua de la obra, ya que lo que se ve no corresponde con la acción, el texto ni la misma música. Simplemente, es una propuesta fallida, con muchos errores y, por consiguiente, con muchos problemas.
Una producción tan protestada como la que hace un porrón de años hizo Sellars de Le nozze de Figaro era, en su momento, "rompedora" (hoy se vería como inocente y clásica), pero era admirable por el trabajo que había detrás, por su coherencia dramatúrgica y porque encajaba perfectamente con el espíritu de la obra original. Una propuesta tan diferente de la original como la que hace Guth de Parsifal, que este año se repone en Barcelona, donde ya se vio hace años, como en Madrid, cambia radicalmente la lectura de la obra pero esta realizada con una delicadeza, una coherencia y un trabajo teatral tan grandes que hace que esta producción funcione perfectamente y ofrezca unos matices sobre la obra wagneriana que yo mismo, con unos cuantos parsifales a mis espaldas, no había sabido percibir ni en una producción tan excelente (totalmente clásica y tradicional) como la de Ponnelle. Todo encaja y funciona y acaba sirviendo a la obra, además de poder transmitir esta nueva lectura de Guth. Es decir: si se hace bien, el cambio, la innovación, puede funcionar y aportar algo a la obra antigua. Y es aquí donde ha de entrar esa creatividad por la que aboga Gruberoviano y otros y nadie puede objetarla. El problema, como he dicho, es que esta creatividad no está suficientemente bien realizada y el resultado no es bueno.
¿Que puede ser que una part de público no proteste por el resultado sino por el presupuesto conceptual? Puede ser. Pero si se hubiera hecho mejor, probablemente no habría habido estas protestas. Lo mismo con la parte del coro. En la cantata, el "efecto aéreo" al colocar el coro en la sala que está encima del techo puede resultar sugerente: al fin y al cabo, el coro ha de estar fuera de escena y el sonido que llega es el del coro en su voz "natural". Que en el Te Deum se elimine de la escena... no está justificado por nada de la dramaturgia propuesta. Se podría aceptar si el resultado mejorara la situación habitual del coro, pero no es así: al contrario, se empeora y, al amplificarlo, destroza el efecto de conjunción de las voces del coro y los solistas. Y no tiene justificación posible en la concepción del montaje. Y si la tiene y no es evidente, no sirve: nadie tiene que estar leyendo entrevistas ni ensayos previamente para poder entender una obra tan "básica" en su desarrollo dramático como Tosca. Y si Villalobos ha sabido explicar por qué ha alterado esta parte, que lo vuelva a hacer, pero con una explicación razonable y válida. Esto sí que es modificar la parte musical, no añadir una simple canción en un intermedio al margen de la obra que, al fin y al cabo, no interfiere en su desarrollo.
Este es el problema: que es una puesta en escena floja, que cojea en muchos aspectos y que necesitaría una revisión de arriba abajo para que funcionara un poco bien. Si, por otra parte, las voces no son para grandes alegrías... El domingo, el mejor quizás fue Corianò, que frasea bien y llega bien a los agudos: Gagnidze correcto, pero demasiado elegante en algunos momentos y Magee... mediocre. Pero con el problema de que entre ninguno se establece la mínima química como personajes, sea por exigencias del regista (y eso sería un error, que tampoco podemos dar por sentado que porque lo decida así sea una decisión acertada), sea porque no acaban de asumir bien los papeles. La sensación de frialdad, de una Tosca "aséptica" y sin ninguna implicación por parte de nadie es continua y eso, por muy bien que cantaran, que tampoco es el caso, tampoco ayuda.
Y, como ven, no hablo a priori ni he querido crear un estado de opinión previo sin haber visto nada: ya he visto el espectáculo, hablo con conocimiento de causa y no estoy cerrado a propuestas escenográficas poco tradicionales. Pero que estén bien hechas, bien justificadas y que aporten algo, eso sí. Cambiar porque sí y empeorando el punto de partida no tiene sentido. Y que el regista puede equivocarse también se ha de aceptar: no le negaremos el pan y la sal porque tenga una propuesta diferente, pero una vez hecha y visto que no ha acertado, tampoco tiene sentido negar que no ha ido bien.
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