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Estos días he escuchado el "Lohengrin" de Roberto Alagna. Sólo el audio, liberado de los disparates escénicos, para evitar un cabreo innecesario. Diré en seguida que me ha entusiasmado. El gran Roberto, el indiscutible tenor del siglo XXI a mi juicio, está espléndido, con un timbre "solar" y un fraseo "mediterráneo" que lo convierten en un Lohengrin "latino". Quizá esto parezca inadecuado a los wagnerianos germanófilos, pero hay que tener en cuenta su lugar de procedencia: Monsalvat, y su carácter distintivo: la custodia del Santo Grial. Lugar cuyo nombre, y carácter cuya localización nos llevan a pensar sin ningún género de dudas que Lohengrin era valenciano. Teoría de una lógica irrefutable que vengo defendiendo desde hace mucho tiempo. Vida Mikneviciute (vaya nombrecito) es una Elsa de voz potente pero tremolante, que canta bien pero no sugiere la inocencia del personaje. Con estas características, es normal que su mejor momento sea el enfrentamiento con Ortrud, esta última interpretada ajustadamente por Ekaterina Gubanova. Martin Gantner es un Telramund algo atenorado, pero correcto. René Pape, a quien se le van notando los años, es un mayestático Rey Heinrich, y Adam Kutny un Heraldo más o menos como todos.
Y ayer, una función del Met mucho más antigua (1983), pero memorable: "Ernani". Video de Youtube. Pavarotti, en plenitud de facultades, es un protagonista estratosférico, con el aliciente añadido de incluir el aria "Odi il voto" y cabaletta subsiguiente, que recuerda a la "pira". Leona Mitchell es una ardiente Elvira, totalmente entregada y fiel, diríamos que "tozuda", como corresponde a su proclamado "Fiero sangue d'Aragona". Muy bien de voz, con algún apurillo en las agilidades. Sherrill Milness como Carlo y Ruggero Raimondi como Silva completan un cuarteto de auténtica antología, a años luz de cualquiera de los que pudieran reunirse hoy. El público del Met, que no tiene complejos, se lo pasa en grande (no es para menos) y lo demuestra no escatimando los aplausos. Llama la atención que los intérpretes saludan, incluso alguno individualmente, al final de los actos y del primer cuadro. Esto ya no se lleva. Es otra de las sanas costumbres operísticas que se ha cargado la tiranía de los registas.
Edito para añadir un posible cuarteto actual para "Ernani": Alagna/Radvanovsky/Tezier/Abdrazakov. ¿Qué os parece? No está nada mal, pero no es "aquello".
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