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Siempre estamos en un extremo y, si no, es que nos vamos al otro. Al final, siempre hay matices y el ideal se coloca en los lugares intermedios. Pero parece que si no ponemos a un tiburón financiero al frente, vamos a estar en manos de un hippy comunista que, como mínimo, debe de cultivar marihuana en la bañera y, obviamente, vamos al desastre... ¿No podríamos dar un mínimo margen de confianza a un gobierno que, casi a los dos días de empezar, se ha encontrado con la peor situación imaginable? Y no me digan que la solución está, como en el caso de Italia, en un directivo de Vodaphone (o de la empresa que sea): ¿podemos confiar la reconstrucción de un país a un gerente de una empresa que maltrata a sus clientes? ¿Que no ha sido capaz de gestionar mínimamente bien su servicio de atención, que es casi el único que ha de dar a quienes le están pagando? Pues ese parece el perfil ideal, antes de alguien que pueda, sin ser empresario, conocer mejor los mecanismos de la administración pública que, al fin y al cabo, es donde se ha de mover. El ínclito Marco, glorioso gerente del Liceu, había de ser la gran solución para la situación del teatro con la crisis: le avalaba... todo. ¿No aceleró el hundimiento del teatro? Con criterios puramente empresariales, ¿no se eliminaron la producción audiovisual, los conciertos de formato pequeño que hubieran, a medio plazo, reportado más beneficios económicos que lo que costaban? ¿No se tuvo que ir con todo el personal en contra, casi? ¿No hubiera sido mejor alguien con mejor conocimiento del "medio"? El currículum empresarial de Trump (no muy brillante, por otro lado), ¿ha demostrado que ha servido para algo en su actual trabajo?
Cuando el denostado alcalde de Barcelona Jordi Hereu dejó el cargo, ¿no había saneado las cuentas y dejado superávit? Y su carrera había estado muy gris, seguramente, como funcionario del Ayuntamiento, pero eso le daba un conocimiento de lo que tenía que gestionar que hizo posible muchas cosas (y no se queden con las anécdotas de tranvías y similares, que la reestructuración interna, que es poco lucida y cuesta de ver desde fuera, fue modélica). Seguramente, la solución está en combinar los talentos y confiar en comisiones mixtas que den cabida tanto a unos expertos como a otros: la solución no está solamente en los que, en teoría, saben de economía (ya se ha dicho que estos expertos, y no otros, fueron quienes nos llevaron a diversos desastres y crisis, aparte de que cada economistillo tiene su librillo y, en general, suelen acertar a posteriori, para lo que tampoco hay que ser doctorado en ESADE o en Harvard), sino también a los que conocen las estructuras de la administración, las estructuras sociales... No se puede decidir para todos desde burbujas, del tipo que sean, y sin conocer o contar con quien conoce todas las facetas de la realidad que queremos cambiar.
Nos encegamos con apriorismos, normalmente infundados o excesivamente influidos por ideologías, y perdemos el norte. Y si solo pasara en este foro... Así estamos.
(Y, hasta que estudios epidemiológicos serios no lo demuestren con datos, por favor, no salgan con lo de la manifestación del 8-M, que los datos no avalan que causara ningún repunte excepcional en los quince días siguientes ni después; más contagios se provocaron, seguramente, en la semana previa en los metros de Madrid o Barcelona, con millones de personas más tocándose o recogiendo virus de los viajeros y a ninguna de las autoridades municipales ni metropolitanas, cuando ya había unos cuantos contagios en ambas ciudades, se le ocurrió plantear un control o el cierre. O somos coherentes y pedimos responsabilidades a todos, por no haber previsto lo que nadie ha previsto en ninguna parte, o dejamos de tirar siempre en la misma dirección sin fundamentos reales para el ataque.)
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