Gino escribió:
Peter Quint escribió:
Creo que la Amelia de María Callas suele quedar eclipsada por otras grandísimas creaciones de su discografía, y es una pena, porque el retrato dramático de la polifacética protagonista es completísimo (¡qué aria del cementerio!).
¿No la encuentra un poco plañidera en la segunda aria?
No diría plañidera. Es cierto que la primera aria es total en sus contrastes expresivos (por eso la puse de ejemplo) y
Morrò, ma prima in grazia es, en ese sentido, emocionalmente más "homogénea", pero de las tres lecturas que conozco de Callas en el aria, la de la grabación en estudio me parece la más satisfactoria y la más interesante en el fraseo: la forma de pronunciar "l'unico figlio mio", como si le costara decirlo, la diferenciación entre la piedad que reclama por el menor y las palabras en las que habla de sí misma, y en consecuencia. la expresión es más seca (las dos veces que dice "morrò", "or che l'estrema è giunta"), el mágico portamento, casi inexistente, que conduce a "non rifiutarlo ai prieghi" etc. Lo que no me gusta es la cadencia, que considero que debe evocar las tristísimas frases iniciales del chelo (como si antes ocurrieran solo en el interior de Amelia y al final del aria ya pudiera expresarlas) y para mi gusto, Votto se la hace llevar, sobre todo al principio, demasiado rápida.
En la lectura en vivo desde la Scala en 1957 sí que veo un poco más eso que dice, sobre todo en el abuso de los portamentos (el previo a "non rifiutarlo" en esta ocasión es casi vulgar) y en los crescendos sobre la misma vocal (la primera vez que dice "che mai più non vedrà"), quizá demasiado pronunciados, además de que el último "che mai più vedrà", que siempre le costó afinarlo, está especialmente caído (cosa comprensible, por otro lado, por el cansancio que tuvo que generar el lentísimo tempo que escoge Gavazzeni para la última sección del aria -y no es el único lugar de la función; lo del Finale II es un escándalo-). Sin embargo, la cadencia, más melódica y ligada, me gusta más aquí.
La versión grabada en 1964 con Nicola Rescigno para el tercer recital Verdi da muestra de un declive vocal muy marcado y un vibrato que ya cruza toda la tesitura. Volvió a grabar al mismo tiempo también el aria del cementerio, pero el brío expresivo que allí se pide la lleva, pese al catastrófico estado del agudo, a un mejor resultado; en el lirismo contenido de esta pieza (y más frente al lujoso sonido de este chelo) las fallas vocales resultan más inclementes, y los problemas de fiato ("non rifiutarlo ( ) ai prieghi, ( ) ai prieghi ( ) del mio materno cor") empeoran la situación. Sin embargo, dentro de todo (o quizá precisamente como resultado de esos problemas), la versión presenta un retrato de mujer deshecha, rendida, como si comprendiera que no merece esperanza, que yo sigo encontrando conmovedor.