jlizarrabengoa escribió:
Bueno, pues si he de responderte muy exactamente, y tras pensármelo un rato, te diré que lo que siempre sentí fue... privilegio. Y, ojo, no porque Victoria fuera muy ¨importante¨ ni nada de eso, sino porque, de verdad, eran tan maravillosa...
Tengo tantas anécdotas con ella... Pasé tantas cosas con ella y me demostró tantas veces no ya lo maravillosa amiga que era sino, más que eso, lo maravillosa persona que era con todo el mundo, no solo conmigo...
¿Sabes? Lo primero que yo sentí siempre con Victoria era... adoración. Soy una persona muy espiritual y Victoria era, simplemente, espíritu puro... Desde en contrataciones (qué anecdotas tengo con ella...), en ratos en su casa de Pedralbes (siempre recordaré la impresión de un amigo mío, que fue una vez conmigo: ¨Yo estoy soñando. Estoy en casa de Victoria y ella está sentada al piano tocando La Boheme¨) hasta viajando (fuimos a Cuba juntos, qué lecciones de devastador juicio político me dió, yo que era tan ¨jovencillo..., y después, años más tarde, cuando me llevó a conocer Gerona, a comer por ahí), o en programas de televisión (me acuerdo, sobre todo, de un homenaje a Aragall. Y de la conversación posterior con ella, Aragall y Ausensi), hasta MUY SOBRE TODO, estando con ella en sus momentos malos (que lo eran, pero ella los vencía muy bien con su espiritualidad, y no hablo tanto de fe en Dios, hablo de SU espiritualidad, una cualidad interna de ella que le permitía ver todo desde más arriba de lo que, en general, lo vemos los demás). Me temo que estoy escribiendo sin pensar y sin respetar mucho regla alguna, pero hablar de Victoria me hace preferir ser espontáneo y no pensar mucho...
Fuera de eso, además de eso, Victoria era TAN humilde que era... demasiado... Yo creo que a todos tanto halago, tanto aplauso nos puede volver locos, entontecernos... A Victoria no le pasó... Al contrario, la impresión constante con ella, lo que estaba siempre claro era que... no se creía en absoluto los elogios, las admiranciones... ¨Uy, demasiado, demasiado¨, era una frase muy de ella. Siempre decía ¨No quiero que me admiren, quiero que me quieran¨.
Me acuerdo una de las ultimas veces que hablé con ella, que yo me marchaba a Buenos Aires y le pregunté si quería algo de allí, que me dijo: ¨¿Tú te das cuenta que han pasado tantos años y ellos, MIS argentinos, sigue estando ahí? Me han aplaudido y querido en muchísimos sitios, pero todo pasa, y sin embargo MIS argentinos siguen ahí, llenándome el contestador de mensajes año tras año, que me da siempre verguenza que soy un desastre y no contesto todo lo que debería... ¿Cómo no los voy a querer si son únicos? Me pasa lo mismo que a ti, entiendo que les quieras tanto...¨
Yo ahora, ahora que ha pasado ya todo (increible... pero Victoria murió...)lo único que lamento es que Alex, su hijo, haya quedado todavia aquí abajo... Aunque también sé que Victoria está aun presente con él...
En fin... He tenido la suerte de conocer a muchos ¨grandes de la ópera¨: Barbieri, Campora, Scotto, Domingo, Horne, Kraus (al que, por cierto, Victoria quería mucho... Cuando Kraus murió recuerdo que Victoria me contó más detalladamente sus recuerdos de cantar con él y que, de frío, no tenía nada... Siempre recuerdo que me contó que, cuando cantaba con el Werther, al mirarlo le veía la mirada de... Werther, que no era un señor llamado Alfredo, era Werther...), y bastantes más; y he conocido otra mucha gente importante de otros ámbitos (como, saltando muchas distancias, Reagan, Nurejev, Alicia Alonso, Yma Sumac, Vernon Walters, así al paso loco), y mucha otra gente desconocida que era igualmente ¨importante¨, pues eran grandes personas o grandes personajes, pero jamás he conocido a nadie tan del otro mundo, tan pura luz, como Victoria...
Una calidez moral que era muy visible también cuando en la intimidad hablaba de Callas.
En fin, tuve esa suerte... Dios la tenga muy arriba, muy alto, muy compensada de todo lo que pasó y de toda la belleza y humanidad que, a muchos, nos dió...
Para mí, Victoria, más que una amiga, fue una guía. Siempre lo deberé. A ella, a la vida, no sé a quién...