Ulysses escribió:
Soy entonces el ùnico que piensa que Falstaff, formalmente, es mucho màs moderno que Parsifal?
Alli donde Wagner nos vuelve a ofrecer màs de lo mismo, Verdi nos propone algo inaudito y realmente visionario. O sea que nanai eso de que acaba en modo menor
Se dejan ustedes llevar por el libreto... la taberna contra la Santa Cena...
Pero Wozzeck està màs cercano a Falstaff que a Parsifal!
Amén. Yo el parecido entre Falstaff y Wozzeck lo acepto en tanto que ambas obras funcionan como drama musical con una agilidad y eficacia asombrosas. Sin desperdicios, ni tampoco adherencias o excrecencias. El Anillo es otro cantar.
No. ¿Cómo vas a ser el único? Aunque yo no diría que formalmente, yo diría que en espíritu y carne. El anillo es una obra llena de pesadeces y fárrago decimonónico. Hasta eso tiene su interés, pero no el perseguido por el artista. Falstaff es una obra de infinita delicadeza sin ganga que nos ha llegado inmaculada.
Pero claro, la ópera más admirada no puede ser la que devana una historia dramática construida con absoluta perfección, iluminada por unas palabras bien escogidas, que se engastan en la música más adecuada para resaltar e impartir vislumbres inesperados de sentido a cada expresión y peripecia. No puede ser una visión del ser humano, de su humor, de su frustración y mezquindad, vestida con un elegante toque de ironía que no nos permite renunciar a una vulnerable esperanza, pero tampoco nos ofusca con un optimismo (ni pesimismo, por cierto) fácil y perverso. No puede ser una riqueza de melodías, de recursos, tan irisada que es a la vez burla y homenaje a la noble y vieja tradición de la cadencia italiana, desde Palestrina y sus maestros, hasta el propio Verdi, pasando por Monteverdi.
Tiene que ser una trama que se desarrolla a golpe de divertículos, hipos y siestas, en vez de actos y escenas, unas palabras pedregosas, que ya nacieron viejas y estrambóticas, y a las que ni siquiera el paso del tiempo ha otorgado la dignidad con solera que cobran las cosas añejas, una enorme ambición (que se diría propia de un scarabaeus viettei si uno fuera poco amable; y poco riguroso) que se expresa sobre todo en cantidades, en cúmulos, en más longitud, en más amplitud, en más profundidad, en más complejidad, en más palabras, en más minutos (ambición en gran medida insatisfecha, claro, pero tan ávida que impresiona), y una música que, en vez de acrisolar el sentido de un libreto y tornasolarlo de expresividad, se deja encenagar durante largos minutos en un martilleo de notas y armonías machaconas, y se deseca como una mariposa prendida en su alfiler entomológico, porque el insigne poeta no podía resignarse a hacernos dispensa ni de uno sólo de sus versos geniales, para luego, mostrarnos esos momentos sublimes en los que la belleza de la música cubre la masa de galga palabrera con un velo delicadísimo del más expresivo y rico bordado melódico, armónico, rítmico, que consigue el milagro de hacernos creer que el cuento que nos cuenta Wagner tiene sentido, lo que acentúa con sarcasmo lo estéril de la vulgar, aunque eficiente (incluso grata) trabazón musical de los otros pasajes de la obra.
Tómese esta exageración ampulosa como lo que es, combustible para avivar el juego.
Que a mí me encanta Wagner, y Parsifal sigue estando entre mis cinco óperas favoritas, quizás entre las tres (después de la Flauta y Falstaff, claro).
Pero, leñe, es que harían ustedes trinar como el más cursi de los rapsodas hasta a un santo de palo. Y si bien es cierto que el viejo sabio campesino no merece que le defienda un cursi desatado (que quizás ha acariciado demasiado su garganta con uno de esos vinos insidiosamente persuasivos a los que no se puede decir no, o hasta mañana), tampoco se merece que se desaire la que quizás sea su obra mayor, junto al Otello, como poco menos que indigna de codearse con el Trovador o la Traviata. Y no reacciono a los mensajes de Supermaño, tan interesantes, aunque me deprime un poco su poco aprecio de esta maravilla, sino al asombro que me causa lo poco que se valora esta obra incluso entre quienes se consideran verdianos a machamartillo.
Pareces Wagner, Gaku...