
Con esta película Hitchcock quiso ponerse serio y "fino". Se salió de su estilo habitual, realizando una película introvertida, austera y reconcentrada, justo en el extremo opuesto a lo que sería “Psicósis”, película que también se sale de su estilo habitual, pero por el otro confín estilístico: el efectista, extrovertido y barroco. De los dos extremos, yo siempre he preferido “Falso culpable”. Es más, la tengo entre mis películas favoritas del catálogo hitchcockiano.
Apenas hay humor, apenas hay concesiones a la galería, y apenas hay golpes de efecto, marca de la casa, pero la historia tiene una pegada y una contundencia emocional como pocas veces en la carrera del director inglés. La planificación y los encuadres son, por supuesto, menos impactantes que en otras ocasiones, pero con igual grado matemático y de rigor, con un uso muy sabio de la profundidad de campo por la importancia de los segundos y los terceros términos. Y el grado de tensión emocional de algunas secuencias es formidable, sobre todo porque esa historia de desestructuración de la vida de una persona normal, como cualquiera de nosotros, provoca mucha identificación por parte del espectador, sabiamente administrada por Hitchcock, que siempre fue un manipulador del punto de vista, pero que aquí, dada la trascendencia del asunto, se muestra muy pulcro y comedido.
Mención aparte para el trabajo de Henry Fonda. Siempre la he tenido por una de las interpretaciones más prodigiosas de la Historia del Cine. Ya sé que hacer de retrasado, de pirado, de yonqui, de ciego o de cojo vende mucho más, pero lo que tiene auténtico mérito es hacer de persona normal, y en eso Fonda era infalible. Su mirada es cine en estado puro siempre, pero aquí mucho más.