
Con todas las pegas que se le quieran poner desde el punto de vista idiomático --y tiene muchas, lógicamente, porque está cantada en sueco-- nos hallamos ante una muy buena versión del
Otello verdiano, con unos solistas sumamente respetuosos con lo indicado en la partitura y bastante inspirados desde el punto de vista musical. La dirección de Ehrling es vibrante y muy teatral (si acaso con un
tempo algo lento en el dúo del I acto). El Otello de Svanholm se nos muestra muy sólido, contenido y bien cantado. Lejos de los excesos "meridionales" que algunos intérpretes imponen al personaje, o de la ridícula visión histérica en que le sumergen tenores como José Cura (por ejemplo). No encuentra apuros en ningún momento para abordar su parte --al contrario de lo que ocurría con otro buen Otello septentrional como Torsten Ralf-- y despliega una voz heroica muy adecuada para el personaje, que sabe recoger en los momentos adecuados. Solidísimo, casi rocoso, el Iago de Sigurd Björling, buen Wotan en la época dorada de Bayreuth y la Met. Si acaso, con algunas dificultades en el registro más agudo de su
particella (por ejemplo en los
"beva" finales del brindis, aquí
"drinke"). Algo matronil la Desdémona de Aase Nordmo-Lövberg, pero muy bien cantada y desplegando unos medios sopraniles de peso que ya querríamos poder escuchar hoy día. Bien el resto de intérpretes.