
Un DVD excepcional de una ópera que me permitió disfrutar de la velada (en Toulouse) en la que más me he reido en una función de ópera. Quiero reivindicar
Albert Herring porque me parece, dentro de la producción de Benjamin Britten, la otra cara de la moneda que el británico nos entrega en muchas de sus óperas: la soledad del individuo frente a las normas (normalmente reaccionarias) de la sociedad. En
Peter Grimes esa misma sociedad acaba llevando a la muerte como algo inevitable al protagonista; en
Billy Budd la muerte es obligada por la aplicación estricta de una ley, lo que no evita el sentimiento de remordimiento del Capitan Vere años despues; en
Albert Herring la tradición está inserta en el subconsciente de todos los habitantes y es aplicada de forma tan cruel como absurda por unas mentes obtusas; por ello, cuando el protagonista recibe un pequeño empujón en forma de ron en su limonada, todo cambia. Por cierto, extraordinario el apunte del compositor del acorde de
Tristan und Isolde cuando el ingenuo bebe alcohol por primera vez, si cual filtro amoroso fuera.
La ópera es una preciosidad pero el DVD me parece magistral, sobre todo por la gran caracterización que hacen los cantantes-actores de cada uno de los pesonajes: Patricia Johnson como la fáctica reaccionaria, beata, impertinente, entrometida e insoportable; Felicity Palmer, su sirviente hasta el mismo moño de la señora, pero de la que es colaboradora necesaria; Derek Hammond-Stroud, imponente como pastor así como Alexander Oliver en su papel de alcalde. Yo me imagino así un pastor anglicano y un alcalde de una pequeña villa inglesa. Hasta Richad van Allan, que en otros repertorios es inaceptable, está soberbio como jefe de policía incapaz de decir dos palabras sin carraspear.
Y, por encima de todos, un John Graham-Hall que hace un protagonista excelso; sus caras y gestos son pura delicia, ora transmitiendo ingenuidad, ora malicia extrema tras la noche loca. Si alguno puede acceder al DVD que no lude; creo que me lo agradecerá.