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Un par de obviedades, a vuelapluma.
1.- No se le pueden poner vallas al océano del YO-LO-QUIERO-TODO-SIEMPRE-YA-AHORA que internet ha hecho posible. No solo queremos todos los juguetes de la juguetería, sino que los queremos inmediatamente, y los queremos gratis. Yo sé que tengo GIGAS Y GIGAS Y GIGAS Y GIGAS de música que nunca escucharé. Y con todo, creo que era más feliz, o mi relación con la música era más sana, cuando las escuchas eran más reposadas y, aunque el "repertorio" o el "canon" podía condicionar las elecciones, la inexistencia de la presión del completismo lo hacía todo mucho más transpirable. Así, descubrir una ópera era una emoción, no un check.
2.- Los precios de Opera Rara son CERO competitivos en el mundo digital (y más en esta coyuntura económica). El valor agregado, para quien se lo pueda/podía permitir, es la calidad de un repertorio inusual o caído en el olvido. Y aunque a mí personalmente Orazi e Curiazi me parezca una castaña y descubrir Meyerbeers nuevos me dé pereza, en general la afinidad que tengo por el repertorio que han sacado a la luz (fundamentalmente, Donizettis y primeras versiones de óperas de Verdi después reformadas) y el indudable mimo con que lo editan, me hace que el producto, mal que bien, merezca casi siempre la pena. El problema es que el título te tiene que tirar mucho para que te valga ese precio.
3.- Y a la hora de la verdad, ¿qué tendencia vence, el pragmatismo o el Último Romántico? Yo confieso que no tengo demasiados discos de Opera Rara (no, desde luego, todos los que me gustaría), pero nunca me he arrepentido de ninguna de las compras que les he hecho.
(Iba a añadir un cuarto punto sobre hasta qué punto la viabilidad de Opera Rara se debe a una determinada concepción de la filantropía que se contrapone a otra determinada concepción del sostenimiento de la cultura con financiación pública, pero por las aristas políticas que ese debate puede tomar y en solidaridad con los actuales Mods, dejo ese melón señalado pero no abierto).
_________________ Die Wahrheit ist bei mir, Mandryka.
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