Fanciulla y
Beffe en Milan: para el absoluto recuerdo la dirección musical de Riccardo Chailly en la primera de las dos obras, cuya interpretación salió adelante, no, triunfó, (y es mérito doble) pese a contar tan solo con unos protagonistas musicales y aplicados, pero sin la dimensión vocal necesaria ni para sus respectivos roles ni para el teatro en que los interpretaban. Carsen en modo rutina y
modernismo sin peligro; quedamos por ahora a la espera de que alguien con el talento necesario nos muestre lo que de verdad se cocía en el
Polka Saloon. La obra es una absoluta obra maestra, quizá en este momento mi preferida de Puccini.

En cambio,
Beffe posee algunos momentos musicalmente interesantes, particularmente el dúo final del acto segundo, pero las abundantes, notorias, debilidades de la obra no se ven redimidas por una interpretación de la eminente altura que sería necesaria. Deficiente la soprano Lewis, potente pero vulgar el tenor Berti, expresivo el barítono Alaimo, el mejor del trío protagonista con diferencia para mi pobre gusto.
Grossolana la dirección musical de Rizzi, haría falta que alguien dirigiera una versión original y filológica de la partitura expurgada de las lacras de la ¿tradición?

Se echó en falta a nivel escénico la Florencia de Lorenzo el Magnífico, al menos los bellos ropajes hubieran sido una distracción para el ánimo.
