
Giulini reune en una sola versión una profunda espiritualidad y una comprensión casi humanística de la obra alejada de la teatralidad barata y efectista en la que muchas veces se cae con la obra, pero sin dejar de lado la expresividad que ya de por sí tienen algunos pasajes de la obra. Junto con Victor de Sabata, la visión orquestal que más me impresiona. Poetiquísimo Nicolai Gedda en un Ingemisco primoroso y muy musical en la espinada parte del Offertorium, donde palman todos los solfeadores. Igualmente impresionante Nicolai Ghiaurov, que lo mismo aparece mesiánico y profético en los momentos de agitación como momentos intimistas (como está en el Lux aeterna, por diosbendito). Comprensibles las dudas que pueda suscitar Elisabeth Schwarzkopf en la parte, con los agudos ya tirantones y a veces tragada en la inmensidad orquestal, pero en SU MOMENTO, es decir, todo el Libera me, y para mi teniéndose como competencia exclusiva a sí misma en la alucinógena versión que crea junto con De Sabata, digamos que hay empate. Y además junto con Christa Ludwig, que pasa con una apabullante facilidad por toda la exigida partitura (CÓMO sostiene todo el Liber Scriptus) crea momentos exquisitos de canto (Agnus Dei).