¡Hombre, Dr, me alegra leerle otra vez!
Hentzau, yo que daba esa peli por perdida. Ahora voy a tener que verla. En lo de Camino a la Perdición estoy bastante de acuerdo.
Jurassic World, como su hermana mayor, es tímida, y le cuesta arrancar. Eso no me importó. De hecho, me pareció cosa de buen agüero. Luego llegan los sobrinos (nietos en la primera) que se encuentran con su tía (abuelo en la primera), y parece que la película se mira en el espejo de la inaugural de Spielberg, y eso no tiene por qué ser malo por fuerza (los ingenuos tendemos a persistir en la esperanza). Hay una escenita un poco de vergüenza ajena entre un mozo de unos doce años que no ha visto a su tía desde que tenía como cinco, y que siente una inexplicable (de hecho, psicopática) mesticia porque su tía parece que pasa un poco de él y de su hermano. Vale, una escena mal escrita la tiene cualquiera. Por supuesto, la tía se redime y muestra de sobras que quiere a sus sobrinos más que a la propia vida; qué digo, más que a sus ambiciones profesionales, gusto en moda u opción sexual.
La película en sí arranca con el ataque de Monstro al coche burbuja, reflejo claro del ataque de TRex al todoterreno encarrilado (ironía al cuadrado) de Parque Jurásico (una de las escenas más tensas con las que nos ha deleitado el cine de aventuras, así en general). Y uno se las promete felices con las andanzas selváticas de los dos jovencitos acechados (pese a que uno de ellos es bastante antipático, y nos valdría más enlatado como alimento de saurio que como ser humano semoviente, y el otro es un tanto gris); así que vamos al cine aventurero a la vieja usanza, vale. Pero todo prácticamente se acaba con un remojón.
Ahora la película se aparta del modelo original, y con el ataque de la bandada de bichosaurios voladores (especulo que pterodáctilos, pero especular viene de pensar con el culo, así que no me hagan caso) parece que entramos en otro tipo de acción: la que se regocija en las masas humanas exterminadas por fieras marabuntas, y esperamos que el Monstro llegue al recinto ferial cuando los pajarracos estén aturdidos en el suelo, sumidos en una siesta salpimentada de eructos satisfechos, y rebañe los restos palpitantes de humanidad descuajaringada, pero, ay, eso también se frena de repente.
No, la película va y busca otra derrota (fíjense en la hábil elección del término, estoy que me salgo

) y se convierte en una visión asombrosa de lucha entre especies, en plan Lost World de 1925 y King Kong protegiendo celosamente a su rubia en la Isla de la Calavera (cubramos con un velo de piedad la ridícula utilización de los velociraptores como armas/colegillas), por no mencionar el conmovedor duelo entre el elefante y el extraterrestre, o la lucha entre el dragón y el Polifemo ese tan feo y cornudo, obras ambas del gran Harryhausen. Pero tampoco eso acaba de rematarse a satisfacción del sufrido espectador actual.
Estoy de acuerdo en que Jurassic World no es tan atroz como bastantes blockbusters actuales (señores, hubo una cosa horripilante llamada The Last Airbender, que cubrió con el rubor de la vergüenza nuestras pantallas plateadas), pero la decepción queda.
De hecho, la tremenda taquilla de la película (el taquillazo, que diría que rima con gatillazo si quisiera pasarme de graciosete), lejos de hacerme temer lo peor, me daba esperanzas.
Ahora a ver qué han hecho con el Libro de la Selva.