La Traviata (ROH, 4/02/2016)Nueva escapada a Londres para seguir la temporada ROH. Le ofrecí el jet a Tip, pero me dijo que tenía mejor plan en su casa. Ya no quise entrar en más detalles.
La
perdida en esta ocasión es la para mí desconocida
Venera Gimadieva, gran triunfadora de la noche por méritos propios. Bello timbre, caudal aparentemente aceptable, impecable afinación y gran dominio de las dinámicas; interpretación sentida y por momentos conmovedora. Su punto débil es el primer acto, donde cierta pastosidad desluce las agilidades y algún agudo no está del todo bien resuelto. El segundo acto me pareció redondo y en el tercero eché en falta un poco más de arrojo, dentro de un nivel notable. Una soprano que pienso seguir con interés. Todo lo contrario que el albanés
Saimir Pirgu, al que recordaba algún mozart correcto, pero que aquí resulta un fiasco de consideración. No se si tuvo una mala noche, porque algunas partes solo pueden explicarse por accidente (el dúo fuera de escena del primer acto, todo gritado, o la cabaletta del segundo, con un agudo final de Ligallo fondo norte), pero en general la falta de homogeneidad de la voz, su tendencia a resolver afalsetando o sus dificultades en el pasaje lo deberían alejar de este repertorio. Claro que mi fiabilidad como oyente es la que es; el público londinense opina diferente, a juzgar por los aplausos. A medio camino entre la pareja protagonista,
Luca Salsi dio las notas y lució robustez, personalidad y empatía con el personaje, pero me resultó un poco tosco tanto de expresión como de técnica (a saber lo que hace para pasar al agudo). Del resto del elenco, poco que decir, salvo que queramos hacer sangre de algunos comprimarios.
Al frente de la orquesta del Covent Garden, un tal
Yves Abel, que me suena bastante pero no ubico en ninguna empresa en concreto. No es Pappano. Sin hacer ningún estropicio, desde la rutinaria obertura hasta el desfallecido acto final (con un pulso tan agonizante como el de la protagonista) se habría agradecido un batutero de más categoría. El coro del primer acto evidenció desajustes serios, pero en la segunda parte de la obra las cosas salieron bastante mejor.
Producción de estas que a uno le suenan de llevar rodando por ahí toda la vida. Buena ambientación y bonitos detalles de escenografía y vestuario. Lo peor, los movimientos corales, unas veces mecánicos y otras embarullados.
Pude hablar con unos cuantos vecinos de butaca de los que solo escuchan ópera de vez en cuando y recordé una pregunta que suele aparecer por el foro de vez en cuando: ¿qué obra recomendaríamos para iniciarse? Los ojillos de muchos de ellos tenían la respuesta.
La Bohème también vale, ¿eh?
