Recital de Juan Diego Flórez, Auditorio de Santa Cruz de Tenerife, 11 de Enero 2015Debo empezar diciendo que asistí al recital (también ofrecido unos días antes en Las Palmas de Gran Canaria), acompañado por la London Philarmonic Orchestra I (debe ser que hay dos

), debido a un cúmulo de circunstancias, ya que no era mi intención acudir. No es (mejor dicho, era) JDF un tenor que me interesara tanto como para desplazarme a las Afortunadas, pero allí estuve.
En primer lugar, el valor que hay que tener es mucho cuando se visita la patria de Kraus con un programa que venía a representar lo más granado del Maestro, en su propio feudo y cuando la admiración y el fervor del público para su memoria siguen siendo reverenciales.
Empezó con Mozart: primero, el aria inicial de Tamino "Dies Bilnis ist bezaubernd schön" y luego "Un aura Amorosa" de Cosí. Impecables, cantadas con dominio, sentido del gusto y sin desmerecer a Dermota, a Wunderlich o a quien ustedes quieran. La voz, que fue aligerándose a medida que se calentaba, sonó con más cuerpo, con un timbre más oscuro de lo que suele. Finalizó con una pieza poco conocida, "D'ogni colpa" de La Betulia liberata, plagada de trémolos y de largas frases que exigieron lo máximo de su fiato.
Luego "Roméo et Juliette" (aquí el recuerdo del Maestro se hizo corpóreo, porque se lo vi en Madrid hace la torta) y "Lámour!... Ah, lève toi soleil". Inmaculado, con un control del aliento y una emisión extraordinarias.
Para que no quedaran dudas, dos piezas de zarzuela emblemáticas en el repertorio del canario: "Bella enamorada" de El último romántico y "Por el humo se sabe" de Doña Francisquita, nada más ni nada menos. Yo ya levitaba.
Y siguió con "Parmi veder le lagrime" y "La donna é mobile", que puso al auditorio boca abajo definitivamente, con guiño de humor al director incluido antes del último agudo, que sostuvo una eternidad.
Para llevarse las dos orejas y el rabo, terminó con los fuegos artificiales de los nueve do4 de "Ah mes amis... " de La hija del regimiento, casi sin despeinarse y haciendo ostentación de una técnica fabulosa.
Y terminó con tres propinas (si hubo más no lo sé, porque me tuve que ir): "Una furtiva lagrima", "A mare chiare" y un medley latino-caribeño, con intervención del público, al que dirigió simpáticamente.
Yo he seguido su carrera -lo vi en Bilbao en una Sonnambula memorable- y sus grabaciones más renombradas (todas en DVD): Don Pasquale, Barbiere, I Puritani, Le comte Ory, Figlia, Rigoletto, hasta su Lucia en el Liceu: hoy en día es un artista completo, maduro y en lo mejor de su carrera, que canta con sentimiento y da todo lo mejor de sí mismo, con generosidad abrumadora.
