Gino escribió:
Supongo que en vivo sería otra cosa.
Coincidimos en que es una de las claves. El último Lenny, como el último Celibidache, como mucho Fürtwangler, como el último Mahler de Abbado, como.....no se pueden explicar en parámetros normales. Como bien comentó Gino, el "exceso de personalidad" de muchas de esas noches, va normalmente mucho más allá de la partitura. Pero como puede ver en mi firma, hace mas de 100 años que ya Mahler dijo, y seguro que no fue el primero, todo está en la partitura menos lo esencial.
Por ceñirnos a estas dos partituras comentadas (1a de Sibelius de Lenny y 7a de Bruckner de Celi) yo que soy fanático de ambas, jamás se me ocurriría recomendarlas como primera opción y quizás tampoco como segunda. Pero si usted conoce bien ambas partituras y ha oído diversas grabaciones, como ambas dos puede (o no) llegar a un sumun que no conseguiría con otras.
El haberlas disfrutado en vivo (solo el caso de la 7a de Bruckner) es una de las variables, pero hay más. Son grabaciones en que te tienes que concentrar desde el primer momento y no sirve oirlas en plan "hilo musical". E incluso en las mejores condiciones puede que llegues o no a disfrutarlas al máximo.
Les doy un par de experiencias personales. Los dos últimos conciertos de Celi en Madrid fueron allá por 1994, en dos días alternos la "romántica" y la 8a. No hubo duda en cuanto a la octava, donde hubo acuerdo generalizado en que a pesar de la lentitud aparente, fue todo intensidad sin una mínima caída de tensión en los 90 minutos que le duró la obra. Sin embargo, yo no pude con la 4a. A mi sí se me cayó y sin embargo hubo amigos que les pareció histórica. Todos, unos y otros seguimos recordando esa 4a, para bien o para mal. No le puedo decir lo mismo de otras muchas, muy ortodoxas, que pasan sin pena ni gloria.
Con respecto a la variable de las condiciones de escucha, para mí fueron una decepción alguno de los conciertos del segundo ciclo en Madrid de los cuartetos de Shostakovich por el Borodin. Sin embargo, tiempo después oí las grabaciones de esos conciertos y fueron de primera. Recopliando, recuerdo que a esos conciertos que eran a las 7,30, llegaba con la "hora pegada al trasero" sin tiempo para concentrarme, dándole cientos de vueltas a problemas que tenía en el trabajo, etc etc. Evidentemente no eran las condiciones necesarias para disfrutar de la intensidad del último DSCH. Hace un par de años sin embargo, en el ciclo de Cuarteto de Jerusalem, me encargué de llegar todos los días con media hora de adelanto, concentrarme bien, y le aseguro que la experiencia fue completamente distinta