
Bodas muy interesantes, por las razones por que lo son y por las que no. Ferenc Fricsay, cuyo Mozart merece siempre toda la atención por su inspiración agógica y tímbrica, tiene en su mente unas Bodas divertidas, ligeras, mullidas, ácidas ma non troppo, vitalistas y felices. Pero la plasmación de ese ideal en el disco solo se logra en parte a consecuencia de un cast donde, aunque tiene sus aliados (Maria Stader), lo bueno no alcanza lo excelente, y porque alguien (que cuesta creer que sea el propio Fricsay; uno se inclina a sospechar más de la producción) ha decidido que es 1961 y el que va a oír este disco es alemán, no sabe italiano y no conoce las Bodas de Figaro, de modo que hay que explicárselas cosa por cosa, chiste a chiste, plano a plano. Lo cual lleva a fraseos un tanto excedidos que no sorprenden nada de Renato Capecchi, y poco de una Irmgard Seefried que siempre fue algo fan de disimular su decadencia como cantante con algo de histrionismo, pero en un Dietrich Fischer-Dieskau peleándose por cantar bien siempre que le dejan, cosas como el recitativo
Tutto è come il lasciai, donde no se sabe si es Boris Christoff o Pierre NoDoyUna, sorprenden bastante.
Es muy llamativo que al hablar de la generación de líricas germánicas de posguerra, que si Schwarzkopf taponó a Grümmer, que si la mejor era Jurinac, que no, que era mejor della Casa, que si la Seefried esto, Wilma Lipp lo otro y Rita Streich lo de más allá, nadie se acuerde nunca de la magnífica lírica que fue Maria Stader, a la que pocas veces he oído mejor que en este disco. Vale que el italiano es pelín ostrogodo y los agudos algo fijos (tampoco la Condesa es la Konstanze), pero la línea mozartiana es de grandísima calidad y máximamente fricsayana, si me permiten. Seefried sí que tiene agudos fijos (y desafinados; los aulliditos que quieren hacer de Do5 en
Susanna, or via, sortite tienen tela), y aunque ya está en un punto de mírameynometoques y prefiere una Susanna impostada y de sombras chinescas que una más carnal y sincera con la que ya no podría, aún canta bien, lleva media vida haciendo Mozart y es muy notoriamente socorrida por Fricsay en casi toda su asunción. Hertha Töpper es la bisabuela de Cherubino, pero no canta del todo mal. Ante la idea de Montepulciano Bekoa que de Mozart tiene Renato Capecchi (un bastante buen Figaro de Donizetti, por otro lado), DFD es casi siempre un modelo de estilo, hasta las ocasiones en que, como se dijo, súbida y desconcertantemente deja de serlo. Y lamentaríamos muy profundamente el Conde que pudimos haber tenido de no ser porque lo grabó tres veces más (una en película), logrando los resultados por todos conocidos. Secundarios musicales y bastante discretos.
Bodas imperfectas y algo envejecidas, en consecuencia, pero interesantes porque Fricsay casi siempre lo es, aunque los cantantes no le entiendan (y cuando puntualmente lo hacen, hacen surgir momentos milagrosos).