Supermaño escribió:
Las crónicas de la
Alcina madrileña me han llevado a
la versión que Wanderer comentó en su día tras presenciarla en Aix-en-Provence. Aunque tiene su interés, mi impresión es bastante menos entusiasta que la suya. Quizás en directo la cosa cambiaría. En el capítulo de los cantantes, está claro que nuestras diferentes sensaciones tienen que ver con la mayor importancia que el amigo Wanderer concede a los aspectos no vocales de la interpretación –un aspecto este, por cierto, al que seguramente no prestamos la atención suficiente en el "hilo de la edad de hojalata". En efecto, Patricia Petibon es un animal escénico y hasta puedo admitir que su voz tiene algo más de cuerpo que hace unos años, pero Alcina es papel de armas tomar y en los momentos comprometidos se le abren las costuras (tela la serie de notas desafinadas o afónicas en
Si, son quella), maquilladas con efectos vocales de dudoso gusto. Algo parecido cabe decir de Anna Prohaska, que además tiene un timbre más feo y una dicción más bien borrosa. Ni el bajo (que no lo parece) Baczyk, ni el tenor Gregory –quizás el peor del reparto, completamente insuficiente en el
Semplicetto!- hacen nada memorable y las sorpresas agradables vienen de la mano de la mezzo Katarina Bradić y del chaval que interpreta a Oberto. Mención aparte merece Philippe Jaroussky, cuya exhibición es tan apabullante (afinación impecable, total control del fiato, coloratura de filigrana) que deja en evidencia al resto. Y que conste que su falsete trucado no me gusta y hasta me irrita en los dúos con una voz tan carnal como la de Bradić.
La Freiburger Barochorchester suena bastante vigorosa y contrastante –quizás demasiado en los tempi-, aunque también flexible y nada invasiva. Supongo que en directo será bastante disfrutable. Lo que no creo que se arregle en vivo es la puesta en escena de Katie Mitchell, con planteamientos ramplones (hipersexualización, inversión de valores entre héroes y villanos, trama paralela en el plano superior del escenario) y algunas ideas interesantes, pero echadas a perder por su burda resolución (transformar a los humanos en animales disecados estaría bien si no se empleara una especie de máquina del doctor Bacterio) o por reiteración (los súbitos envejecimientos de Alcina y Morgana en cuanto abandonan el decorado central).
Por alusiones,
En vez de repasar lo que escribí en su día, he hecho consultas con lo que recuerdo ahora mismo de esa función. Mi impresión es la de una representación básicamente redonda, con todos los elementos encajando y complementándose unos a otros, que transcurrió en poco más de media hora, dos descansos incluidos. Recuerdo a Petibon como la clara triunfadora de la noche. Haciendo que no se oyera el vuelo de una mosca en el teatro. Más convincente que en Lulu o en varios de los roles dramáticos mozartianos en que se ha empeñado en años pasados; aunque es verdad que tiene algo de estar instalada en una especie de exageración permanente, lo que a mí no me despierta demasiada simpatía. Estoy de acuerdo con lo de la dicción (por momentos) borrosa de Prohaska. El timbre efectivamente no es el de Tebaldi, para entendernos, pero me gusta la manera que tiene de colorear el texto y de manejar su voz (hablo más en general que sobre esta Morgana); en otras palabras, no soy imparcial hacia ella. Jaroussky se desempeñó con un canto instrumental (efectivamente mucho más "perfecto" de lo que ellas intentaban o podían serlo), casi como si estuviera interpretando música sacra (bien es verdad que la producción hacía de su personaje un ser sin demasiada personalidad). Bradić me gustó más de primeras, por ese sonido carnoso de mezzo, que al final del partido, precisamente porque no acaba de sacar(se) partido con un poquito de histrionismo
alla Petibon.
La orquesta grandiosa, como acostumbra (para mí el mejor conjunto barroco de este momento): en esta ocasión con más vigor (también transparencia) que contraste, esto último por designio de Marcon, que no busca efectos a lo Harnoncourt, por entendernos de nuevo.
La producción. En lo del Doctor Bacterio lo has clavado.

El recurso a la coloratura erótica efectivamente está ya un poco visto de más, pero esa hipersexualización de la que hablas creo que tiene que ver con el intento de mostrar la ausencia de sustancia, o de verdadero aliciente, o de contenido, en las vidas de las dos hermanas, lo que les empuja (particularmente en el caso de Morgana) hacia juegos cada vez más extremos. Lo de la reiteración del truco de los envejecimientos al traspasar las puertas lo interpreto un poco en la misma línea: la repetición del truco es tan machacona que resulta difícil pensar que sea fruto de la casualidad, el descuido o la pereza de Mitchell; pienso que se trataría de un medio más para que el público comprenda como todo ese tinglado que tienen montado las magas, por mucho que al primer golpe de vista fascine, lo que esconde es una vida cerrada sobre sí misma, reducida a la repetición hasta lo infinito de unos mismos gestos, donde una superficie de brillo, lujo y
volupté esconde (mal) una realidad de tedio, vacío y mentira. Sintetizando mucho, se trataría de una especie de lección sobre
como no hay que envejecer; vamos, que a mí sí que me gustó.
Aquí un texto bastante interesante sobre aquella
Alcina y sobre lo que hubiera pensado acerca de ella Santo Tomás de Aquino, más cerca en varios puntos de la opinión de Supermaño que de la mía:
https://ihearvoices.wordpress.com/2015/07/20/handels-alcina-festival-daix-en-provence-20-07-2004/