Aunque es un debate amplio y recurrente en el que caben muchas opiniones, voy a insistir en la mía.
La llamada
italianitá tiene que ver, en mi opinión, con elementos vocales, expresivos y temperamentales. Idiomatismo, articulación, prosodia. También conceptos como emisión, timbre, inmediatez, la comunicatividad, la llamada "cordialità", afinidad, squillo, brillo... El canto italiano normalmente describe arcos, no puede resultar rígido.
Por ejemplo, el Sr. Dieskau, indudablemente un gran músico, es un orfebre del canto. Realiza un intelectual y muy calculado ejercicio desbrozador y muy alambicado que no casa con la espontaneidad que debe tener, en mi opinión el canto (y la expresión) italiano. Si a ello le unimos que obvia el pasaje como bien señala Celletti, que el timbre es mate y blanquecino y la ausencia de squillo en el agudo, además de unas interpretaciones, que en lugar de calor, ofrecen culta y conceptual filosofía y muchas veces, amaneramiento. Todo ello me lleva a expresar su falta de italianitá. Es decir, nada que ver con bocinazos mal dados (los bien dados, sí me gustan) o berridos machotes. Nada que ver conque alguién puediera preferir a un Paolo Gavanelli, un Marco Vratogna o un Abrogio Maestri sólo porque nacieron en la península itálica.
Por continuar con otro nombre que ha salido a colación. No he escuchado esa Aida comentada por el Sr. Supermaño. A Kauffmann le he visto en vivo, además de su lejano Tito en el Real cuando era otro cantante, el Florestán, el Don Carlo y el Des Grieux de la Manon Pucciniana. Es un cantante que tiene un interés, qué duda cabe. Impecable musicalmente, de gran preparación y siempre afinado. se ha "fabricado" una voz con la que poder cantarlo todo y ser una especie de tenore assoluto. Aparte de la extraña emisión y sus ribetes excesivamente baritonales (más acusados en disco), la voz en la zona centro-grave suena feota, árida, sin esmalte, arriba gana timbre y plenitud, aunque raras veces verdadera punta. Hay más timbre que verdadero squillo. La línea de canto, siempre compuesta, a veces rebuscada, pero con intención y búsqueda del contraste en su fraseo. Algunos sonidos falsetísticos, raquíticos y blancos no ayudan. En el Des Grieux no hubo ni rastro de la passionalitá Pucciniana, del calor, de la garra, de ese lirismo envolvente. Todo estaba en su sitio, bien estudiado, correctamente cantado, con plena disciplina alemana (pre Volkswagen

) pero oiga no, eso no es suficiente para esta ópera. Si no es "italianitá", llamenlo como quieran, pero no me vale.
De largo, es el Florestán, lo mejor que le he visto en vivo y junto con el Siegmund que le ví por vídeo, lo mejor en absoluto que le he esuchado al tenor alemán.