
Los nibelungos, de Fritz Lang. Arriba, carteles de los estrenos en España y Suecia de cada parte distinta.
¡Me ha encantado! Estas películas son un verdadero placer para la vista: una ambientación preciosa, unos paisajes únicos; y todo eso sin dejar de cuidar la corriente expresionista (algo muy reflejado en el palacio de los nibelungos, tan árido y sobrio; además de dar una sensación de espacio y amplitud que me recuerda un poco al
palazzo de Salò, cincuenta años después), unos paisajes bellísimos y unas interpretaciones únicas porque todos los actores están en estado absoluto de gracia.
Paul Richter hace un Sigfrido de acuerdo al ideal perfecto, de superhéroe que se tenía en la época (y que no mucho después acabaría en desgracia) pero no es una caracterización inexpresiva, ya que en la fragua o en el diálogo con Krimilda sobre el secreto de Gunther sus expresiones se nos tornan humanas. Richter era el Rodolfo Valentino de la República de Weimar, así que quién mejor para interpretar al héroe. Sublime.
Leí que las interpretaciones de las mujeres pecaban de inexpresivas y de una caracterización quizá muy masculina. ¿Dónde? Sí, Brunilda como la reina de Islandia y tal como dice el mito tenía que ser una amazona guerrera ¿y eso es malo? La actriz Hanna Ralph da una interpretación magnífica: su dureza llega a lastimar y es convincente en la mutación de mujer fuerte y segura a una mujer derrotada que termina siendo tragada por su propia venganza. La Krimilda de Margarete Schön sí puede ser algo fría, pero no podemos olvidar que se trata de una princesa germánica. En la primera parte no brilla demasiado, pero en la segunda acomete su papel notablemente. Cuando recoge la tierra antes de partir hacia el reino huno vemos una mujer tierna y rota para luego convertirse en una mujer vengativa e impertérrita ante la catástrofe. Y creo que aquí la frialdad y la inexpresividad conviene.
También el Hagen de Hans Adalbert Schlettow es icónico. Creo que el retrato de este Hagen me gusta mucho más que el de la Tetralogía wagneriana. Una mirada temible y una interpretación que no cae en la sobreactuación lógica de la época. Si lo pusiéramos en alguna cinta de Peter Jackson no desentonaría. Y además ya cerca del final a pesar de ser el gran villano es capaz de mostrar hidalguía.
Fascinante el trato que se da al Rey Atila, que es el espejo del "hombre inferior" que se tenía en aquella convulsa Alemania y que también acabaría en desgracia. A cargo del gran Rudolf Klein Rogge nos presenta un rey primitivo y de apariencia muy desagradable. La escena en que conoce a Krimilda es tan fuerte que nos imaginamos la repulsión de la reina germana ante un rey poco dador de lujuria. Impresionante caracterización y actuación.
El resto del reparto es igualmente genial: el pusilanime Gunther de Theodor Loos, el Mime y Alberico que interpreta Georg John (quien tendría un triste final en el Gueto de Lodz) o el trovador Volker de Bernhard Goetzke que mantiene una firmeza aterradora en el final.
Lang era un genio. Uno parece caminar por el castillo de Worms, uno parece sentir la tierra bajo los pies en el palacio de Atila. Incluso nos parece escuchar el canto de Völker. Aunque las escenas finales de batalla en la segunda parte son únicas, me llamó más la atención la celebración previa. Todo un espectáculo grotesco y hasta sórdido; en el que por cierto se ven desnudos femeninos que me pregunto si no se censurarían en el estreno americano. Aunque estemos hablando de una de las cumbres del cine mudo a veces los personajes parecen hablar.
Y además tenemos la música de Gottfried Huppertz. Aunque uno piensa en la música de Wagner; en cuanto se ve la película ya no puede separar las escenas de la partitura de Huppertz. De hecho a Lang le molestó que en el reestreno de años posteriores tanto en Alemania como en América se añadiese la partitura wagneriana. Y wagneriana es la partitura de Huppertz en varios momentos, muy especialmente en el primer canto. También tiene las lógicas influencias posrománticas pero en conjunto no se echa de menos al maestro de Leipzig, del que toma el uso del leitmotiv.
En fin, no sé si tanto entusiasmo de mi parte dará con una pero creo que es de esas obras que todo aficionado al cine o a las grandes películas debe ver alguna vez en la vida.