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Le nozze di Figaro (ROH, 5/10/2015).
Retransmisión en directo.
Int.: Schrott, Bevan, Degout, Dehn, Lindsey, Lepore, Adam, Winter, Elliot, White, Parton Royal Opera Chorus, Orchestra of the Royal Opera House. Dir.: Ivor Bolton
Parece que acabó satisfecho el agradecido público londinense con estas Bodas, a juzgar por los aplausos cosechados por sus responsables. Será por la escena de McVicar, que sigue funcionando bien después de una porrada de años (mueve bien a los personajes y tiene numerosos detalles reveladores en segundo plano, sin estorbar la trama principal), o por el vozarrón de Schrott, la elegancia de Degout, la vis cómica del Cherubino de Kate Linsey o las buenas intenciones de la sustituta de última hora, Sophie Bevan, en el papel de Susanna. Lo cierto es, sin embargo, que un espectador con cierto sentido crítico puede aburrirse en bastantes momentos, sobre todo en la primera parte, y sentir cierto alivio al finalizar solo porque la cosa no termina en naufragio.
Lo peor, a mi juicio, es la labor de Ivor Bolton, supuestamente especialista en el repertorio mozartiano. A mí me pareció pesante, con una permanente fijación en la nota pedal, sin vuelo melódico… Se vuol ballare sonó como el vals de una recepción diplomática y el Non più andrai acabó en plan Día de las Fuerzas Armadas. ¡Y qué forma de aporrear el pianoforte! En fin, no es así como me aprendí a Mozart. Además juraría que hubo desajustes evidentes en algunas entradas y una permanente sensación de confusión en los concertantes. De los cantantes, la estrella Erwin Schrott carece de algunas competencias básicas, como ahora se dice en mi profesión: ni enmascara, ni canta sul fiato, lo que convierte todos sus intentos de fraseo creativo en un puro artificio sin gracia. Sorprendentemente, elevó el nivel en un último acto discreto, pero al menos no vociferante. En el resto del elenco, Stéphane Degout es todo lo contrario que Schrott: un señor que sabe cantar, aunque ni su natura tiene nada de memorable, ni su falta de acentos permite construir un personaje. La Condesa y Susanna pasarán por la historia de la lírica, supongo, sin pena ni gloria: no destacan por la belleza de su timbre ni por su técnica, pero salvaron sus arias con dignidad y ofrecieron un bonito dúo en el que no resultaba fácil distinguir sus timbres. La Cherubino, una mezzo que fue de las más aplaudidas de la noche quizás porque contribuyó a mantenernos despiertos en los dos primeros actos, demostró que se pueden tener tres o cuatro voces distintas a cual más fea. A cambio, los papeles de Don Bartolo (Carlo Lepore), Don Basilio (Krystian Adam) y Marcellina (Louise Winter) corrieron a cargo de cantantes que, al menos, no cometieron ningún desmán. Eso sí, ni ellos, ni los protagonistas, ni por supuesto Bolton lograron transmitir musicalidad a los recitativos.
Con todo esto escrito con el tono circunspecto que debe tener una crónica sobre las enésimas Bodas del montón en un foro como este, la pregunta que se estará haciendo más de uno es: ¿a quién se le ocurre acercarse a una cosa así? Pues, miren, es que salí con una sonrisa de oreja a oreja. Como siempre que termino de escuchar unas Bodas, por mucho Bolton y mucho Schrott que se me ponga por delante. Y el que no lo entienda, el que después de pasar por ese resumen de la vida misma en miniatura que es el Finale siga sin entenderlo, eso que se pierde.
_________________ Para saber mucho: vivir muchos años, caminar muchas tierras, leer buenos libros o conversar con amigos sabios y discretos. (Baltasar Gracián)
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