Hablando de Karajan...

Según el buscador del foro –que me funciona como agenda / diario-, hace más de dos años que no escuchaba un
Tristan completo. De esta versión que acabo de terminar recordaba algunos cortes de un LP que me puso un amigo hace ya tiempo, aunque ahora las impresiones han cambiado.
Mi amigo –miembro activo de La Secta- trataba de convencerme entonces de que este disco merecía por lo menos el purgatorio y creo que en parte lo logró. Sobre todo despellejaba la labor de Karajan, a la que calificaba de superficial, esteticista y exhibicionista, o algo así. Sus argumentos eran irrebatibles al menos en un punto: como él mismo se encargaba de señalarme en cada corte, en la grabación parecía que la orquesta estaba en el escenario y los cantantes en el foso. Estoy por asegurar que los ingenieros responsables de la remasterización que he escuchado han enmendado la plana al maestro, porque el sonido parece ahora mucho más equilibrado. Podemos disfrutar del despliegue de planos, la riqueza de dinámicas y la pura belleza de algunos pasajes interpretados por los berlineses sin aquella desagradable sensación de espectáculo al servicio del ego de don Heriberto. Es cierto que hay algo menos de fuerza dramática que en el directo de Bayreuth (Vinay / Mödl), donde –como comentábamos hace poco a propósito del
Tristan de Böhm- la sensación de cierto desmelene sienta bien para compensar. Los tempi del estudio son más pesantes, en general (¡ese
Muss ich dich so verstehn!). Sin embargo, negarle teatralidad y tensión al gran dúo del acto II o a la segunda escena del último acto es simple empecinamiento.
Entretenido con el proceso contra Karajan, me temo que en su momento le presté poca atención a los cantantes. También en este aspecto la nueva cata sabe mejor gracias a la remasterización del disco y supongo que de mis propios gustos. Ya sabemos que Jon Vickers no tenía una voz de terciopelo y que su dicción tampoco era modélica (tiene algo contra la “e” que sería interesante que alguien explicara), pero si tuviera que elegir ahora mismo un segundo acto de toda la discografía seguramente sería el suyo. El elenco tiene otros grandes nombres. El Kurwenal de Berry es mucho mejor de lo que recordaba, la Brangäne de Christa Ludwig resulta prácticamente indiscutible y el Marke de Ridderbusch es dignísimo en los dos sentidos de la expresión: como enfoque dramático y como resultado artístico. Hasta lo de Helga Dernesch me ha parecido menos desastroso, pero aquí no cabe ya absolución. Mantener el tipo junto a Vickers merece un respeto, pero esta señora no domina la zona alta de la tesitura ni tiene técnica para resolver las dificultades en dinámicas y reguladores que la partitura plantea (algunos pianos maullados son particularmente penosos). Oyéndola me surge la pregunta: ¿qué se le pasaba a Karajan por la cabeza cuando elegía cantantes al límite para algunos papeles femeninos referenciales? (pienso en Ricciarelli como Tosa o en Crespin –arriesgado- y Janowitz –inviable- para
La Walkiria). En este caso, la decisión es aun más incomprensible porque, hasta donde sé, tampoco la Dernesch tiene en lo suyo logros como los de las mencionadas. Al final, las sospechas sobre el ego desmedido de Karajan se terminan colando de un modo u otro.