Empezamos con las
sopranos. Irina Lungu tiene una voz poderosa, con peso, buen agudo pero la coloratura la tiene cogida por los pelos y los pianos son bastante sonrojantes, oscilante la voz y casi sin vibrato. Mejoró tras el primero acto aunque en el “Amami Alfredo” me dio la sensación de que cantó “Aaaaaa Alfredo”. La joven Venera Gimadieva canta muy bien, la coloratura es mejor que la de la moldava (aunque tampoco descollante) pero el agudo… ¡ay el agudo! Enflaquece, se estrangula y suena a los de las cantantes de las películas musicales en blanco y negro. O a los de las sopranos de los años veinte. Le cambia mucho la voz. También mejora, claro, en los dos actos siguientes. Le faltó sangre en el “Amami Alfredo” pero sí derrochó emoción en el “Addio, del passato”, en el que respiraba con unos jadeos que no le detecté antes, me imagino que para dar veracidad a su tisis. La voz es bonita y muy fresca, claro. No sé si podrá mejorar el asunto del agudo.
El
tenor del primer día fue Antonio Gandía, del que sólo conozco el apellido, ya que he ido allí muchos años de vacaciones con mi familia. Me sorprendió para bien, quizás porque no me esperaba gran cosa. Tiene una voz bonita, canta con gusto y llega bien al agudo, si bien este lo acorta de manera tajante (no lo dio en la
cabaletta). De volumen suficiente, tampoco sobrado. No emociona hasta el paroxismo pero desde luego no te estropea una función. Para un segundo reparto y teniendo en cuenta lo que hemos llegado a ver por aquí, un lujo. Lo mismo se puede decir de Teodor Illincai, del que anunciaron unos problemas gripales que yo no vi por ningún lado. De hecho, se morreó con todo cristo. Tiene una voz algo oscura para ser tenor (a lo mejor ahí sí se notaba un poco el catarrillo) pero es imponente en cuanto a volumen, muy seguro en los agudos (que sí dio en la
cabaletta) pero en las medias voces y los pianos, que los intenta, es algo más irregular. Aun con todo, otro lujo para un tercer reparto. Anda que si llegan a traer a Paul Groves o a Michael König…
En cuanto a los
Giorgio, Ángel Ódena sigue con su volumen fabuloso y cantó con seguridad y aplomo. Me parece que tiene la voz algo leñosilla, que para el personaje vino de perlas. También intenta regular la voz para no caer en la monotonía ni parecer que está siempre gruñendo. Otro lujo para un segundo reparto. Leo Nucci ya no está para bises porque el físico empieza a flaquear. En Zurich ya lo noté algo más apagado de lo normal. Pero sigue siendo una de las mejores opciones en Verdi. La voz está más cansada y menos potente pero emociona, sobre todo cuando elimina esos tics gesticulantes. Su “Di Provenza” fue muy emotivo (¡hasta parecía que lloraba de melancolía!) y el final fue una maravilla de
legato, el mejor de la noche. Ovacionadísimo, con justicia. No hubo bis.
El resto del reparto es casi testimonial y todos cumplieron bien. El coro empezó bastante flojete pero se fue entonando. Mejor el de toreros que el de gitanas.
Y la orquesta…, pues suena extraña, como si faltaran músicos o no tocaran todos. O como si estuvieran aún en camerinos. Alterna buenos momentos como el preludio del tercer acto con otros bastante famélicos. En el segundo reparto aletargaron más el final del primer acto, seguramente para que la soprano se sintiera más cómoda. Aun así, es de lo que menos me fijo. No olvidemos tampoco que Verdi es un chimpunero.
