Deseando amar (2000).
(
Fa yeung nin wa /
In the mood for love).
No es del siglo XXI, pero un par de foreros poco escrupulosos con la cronología la incluyeron en la lista de imprescindibles. Creo que, en efecto, es película de referencia.
Curiosamente, se trata de una obra que, en principio, no debería gustarme. Una historia sencilla con un tratamiento formal complejo, estilizadísimo, casi manierista; lo contrario de lo que me suele atraer en el cine y en el arte en general. Sin embargo, el director chino Wong kar-Wai, al que me propongo seguir en el futuro, consigue combinar todos los elementos formales con lo que está contando de una manera tan sugerente que vence cualquier reparo. Nada que ver con el esteticismo oriental de un Zhang Yi Mou, por ejemplo. La historia, ya lo he dicho, es muy simple. Un hombre y una mujer, vecinos hasta entonces de buenos días y poco más, descubren que sus respectivos cónyuges son amantes. Entablan entonces una relación de extraña solidaridad que se convierte en un amor imposible. Leí por ahí citas a
Breve encuentro, aunque en la película británica queda claro el límite (sexual) de la aventura y aquí se deja a la imaginación del espectador.
Las virtudes de la película son tantas que darían para un hilo. Solo comentaré algunas, esperando que algún forero entre al trapo y desarrollemos esto más.
- La elipsis como mecanismo narrativo. La trama es una sucesión de fragmentos de las vidas de los protagonistas que sugieren mucho más de lo que muestran. El sentido de la narración lo construye el espectador, desde una posición precaria que coincide tanto con las incertidumbres y dudas de la pareja en el momento de los hechos como con la dificultad de reconstruir una historia que probablemente –como sugiere el final- sea solo un conjunto de borrosos recuerdos.
- El tratamiento del tiempo y del espacio. La presencia continua de referencias espacio-temporales muy concretas (los relojes, la rutina horaria, los claustrofóbicos cuartos de la pensión o de los lugares de trabajo) consigue darnos la sensación de unos personajes atrapados en un lugar y en un momento (como esa noche en la que ella no puede salir del cuarto de él sin ser vista por las vecinas entretenidas en una interminable partida de majong o como cuando la pareja queda inmovilizada bajo una cornisa durante la tormenta). Sin embargo, paradójicamente, el cuándo y el dónde son siempre fluidos e imprecisos, bien por la planificación (a menudo la escena aparece parcialmente oculta por objetos que dificultan nuestra visión) o por el montaje (que elimina las transiciones, desorientándonos).
- La dirección artística. En pocas películas podrán disfrutar más los aficionados a eso que llaman “estilo”: el vestuario es digno de la mejor revista de moda retro, los decorados y el mobiliario harían las delicias de un lector del Hola. Sin embargo, en Deseando amar, la forma es siempre contenido. Los personajes quedan retratados y sus acciones cobran sentido por el modo en que se mueven en sus trajes y dentro de los escenarios. A ello contribuye la extraordinaria interpretación de Maggie Cheung y Tony Leung, cuyo lenguaje corporal revela todas las emociones ocultas en unos rostros forzadamente inexpresivos (solo con verlos cruzarse en las angostas escaleras de la pensión ya podemos contar buena parte de su peripecia vital).
Hay detalles que me gustan menos, claro. Los boleros en español de Nat King Cole deben de resultar menos obvios para el espectador chino o angloparlante, pero el exitoso tema
Yumeji termina siendo cansino en sus repeticiones. Algunas escenas saltan la delgada línea entre el manierismo y el puro artificio (los planos con espejos multiplicados o la fotografía con veladuras). El personaje del amigo putero de Chow es excesivo y cargante. Detalles, insisto, que no estropean el buen sabor final. Porque, cuando ya parece que todo está dicho, cuando un par de saltos en el tiempo nos muestran el frustrante desenlace de esta melancólica historia de amor, Wong kar-Wai aún nos tiene reservada una extraordinaria secuencia, rodada en un lugar tan aparentemente alejado de la historia como Angkor Vat, que profundiza en el dramático (sin)sentido de todo lo que acabamos de ver.