Llevo durante los útimos días absolutamente enganchado con una ópera que está siendo todo un descubrimiento:
Cinq-Mars, de Gounod. Sólo conocía fragmentos sueltos a través de algunos recitales y de una selección de la obra, con acompañamiento pianístico, que se dio en Párís en 1995. Por suerte, hace unos días se ha recuperado completa, en versión de concierto, en Munich, y a mí me está encantando

. Vuelve a confirmarse mi teoría de que el Gounod más redondo se encuentra en sus obras postergadas, caso de ésta o de
La Reine de Saba, por ejemplo, más allá de las recurrentes
Fausto y
Romeo, óperas con muy buenos momentos, pero también con irregularidades y mucha paja, sobre todo la segunda.
Aquí, en ambiente cortesano y versallesco (la acción se sitúa en París, en tiempos del Cardenal Richelieu), y con algunas leves reminiscencias históricas en hechos y personajes, se funden estupendamente los aguerridos cánticos de la viril soldadesca con los remansos amorosos a la luz de la luna, todo ello adobado con la característica y envolvente fluidez melódica del compositor. Hay momentos de lucimiento solista para todos los protagonistas (soprano, tenor, barítono, bajo y segunda soprano), así como el pertinente, y muy disfrutable,
divertissement. El reparto no es nada del otro mundo (Veronique Gens, Mathias Vidal y Christoyannis, en el trío protagonista) pero cumplen con pulcritud, sobre todo el tenor, que parece una vocecita de pitiminí, pero que canta con gusto “perfumada y apropiadamente francés”. Lo dicho: un estupendo descubrimiento este Gounod olvidado.