Sergei Prokofiev – El ángel de fuego
Teatro Maryiinsky, San Petersburgo, 1993
Intérpretes: Galina Gorchakova, Sergei Leiferkus, Sergei Alexashkin, Konstantin Pluzhnikov, Valery Lebed, Vladimir Galusin.
Orquesta, coros y acróbatas del Teatro Mariinsky.
Director: Valéry Gergiev
Puesta en escena: David FreemanCon bastantes meses de retraso, he seguido por fin la recomendación de Ulysses en aquel hilo dedicado a la ópera rusa y me he puesto con esta ópera que hasta ahora no conocía. La música es ciertamente de altura: un tratamiento de la armonía inspiradísimo, con estratégica utilización de la disonancia y variados recursos rítmicos, dinámicos y tímbricos que consiguen transmitir una atmósfera que evoluciona desde el desasosiego a la histeria para desembocar en el horror. Sin embargo, la dramaturgia no me parece que esté al mismo nivel: la historia es estática, una sucesión de cuadros sin apenas desarrollo, con personajes que aportan poco a la pareja (¿o trío?) protagonista y abordada desde una mirada distante, a la que falta fe en lo irracional sin que exista la compensación de una pizca de ironía. Es como si, en
Los cuentos de Hoffmann, hubiera cinco cuadros de Antonia en un tono cada vez más solemne.
Sobre la versión recomendada por Ulysses hay algo en lo que estamos totalmente de acuerdo. Galina Gorchakova y Sergei Leiferkus están espectaculares. Ella es una lírica con cuerpo, brillo y expresividad deslumbrantes, además de todo un animal escénico. Algún agudo un poco tirante no empaña una actuación sobresaliente. ¿Qué ha sido de esta mujer? Creo recordar que tiene alguna incursión interesante en repertorio italiano, pero por lo que sea no terminó de cuajar. El resto del elenco están a distancia, pero su influencia en el resultado ya he comentado que no admite comparación. Menos convincente me parece la labor de Gergiev, apabullante y efectista, pero un poco de brocha gorda, a mi juicio.
La puesta en escena le gustó bastante a Ulysses. Los ambientes están bien conseguidos, aunque hay pocas ideas que aporten algo al drama y el recurso de las extrañas figuras que personifican las alucinaciones de Renata funciona al principio, pero termina resultando cansino.
En cualquier caso, una obra y una versión que merece la pena conocer.