Audiciones navideñas (II)

Es realmente muy extraña la manera en la que esta obra, prácticamente a partir de la absoluta nada, consigue transportarte a su mundo cerrado de Allemonde, en el que los acontecimientos parecen inevitables y sin embargo siempre producen sobresalto; en el que no por conocido de antemano, el amor resulta menos embriagador ni su imposibilidad menos conmovedora. Y de entre todos los enigmáticos personajes, creo que es Golaud aquel que ahora mismo más me interesa: quizá porque es a quien percibo más
humano, quizá porque todos sus esfuerzos son inútiles, intente lo que intente; quizá porque al final de la obra se encuentra tan perdido como lo estaba al principio. Últimamente, cuando escucho
Pelléas no puedo o no quiero o no debo escuchar nada más el resto del día. Y el interludio orquestal entre las escenas segunda y tercera del cuarto acto (¿
La Passion selon Golaud?) se me queda metido en la cabeza.
La calidad de esta grabación procedente de unas representaciones en vivo en el Teatro de los Campos Elíseos no me ha parecido demasiado buena: la gama dinámica de la orquesta es reducida, y las voces se escuchan muy en primer plano. Este es ante todo el
Pelléas de Haitink, recordado como de fiera intensidad por muchos de quienes asistieron a estas funciones. Lo que en el disco se escucha es esa manera clásica, lógica y natural de hacer música del maestro holandés, dejando hablar a la partitura por sí sola, sin exagerar ninguno de sus efectos... y sin atenuarlos tampoco, lo que en este caso conduce a un tramo final del acto cuarto de extraordinaria intensidad. Digamos que es un
Pelléas respirado con más amplitud que el de Abbado, con las redomas de Klingsor más en primer plano, pero sin los efectos en
technicolor de Karajan (véase el fragmento antes citado). En el reparto, el Pelléas de Holzmair desmerece ante los otros dos protagonistas. Von Otter es una Mélisande un punto afectada pero sensual, meticulosa e intensa, es decir, francesa; y un jovencísimo Naouri (la grabación es de 2000) dibuja un Golaud muy digno de atención, más atormentado y menos majestuoso que el de Van Dam; más joven y menos sabio, probablemente.
Por esas cosas raras de las programaciones operísticas, en lo que queda de temporada se podrán ver casi seguidos varios
Pelléas de bastante atractivo: a finales de este mes se estrenará en Dresde una nueva producción de La fura dels Baus; a finales de junio, este título será una de las dos nuevas producciones del Festival de Munich, en el Prinzregententheater (¿para cuando un
Pelléas en la versión grande del Prinzregenten?) y con la batuta prometedora de Constantinos Carydis; y a lo largo del mes de febrero, se repondrá en Bastilla la producción de Wilson (la que se alquiló en pasadas campañas en Barcelona y Madrid) con el Pelléas hoy por hoy inigualable de Stéphane Degout.