Ayer estuve viendo la reciente
Luisa Miller, de Lieja, que contaba con el interés añadido de los debuts de Patrizia Ciofi y de Gregory Kunde en sus respectivos papeles. En conjunto se trata de una función bastante disfrutable.
Patrizia Ciofi, con la voz más llena de lo habitual (sin tanto aire quiero decir), afronta el personaje con sus armas de costumbre: buen canto, entrega absoluta y con esa inevitable sensación de sobreesfuerzo continuo. El papel, obviamente, le sobrepasa, lo cual resulta muy evidente en su gran escena solista del segundo acto, que pide una anchura y una complexión vocal para sostener esas frases amplias e incisivas, que ella no tiene ni por asomo. En cambio, en los momentos de canto más depurado, sale a relucir su buen hacer belcantista, como se pone de manifiesto en las primeras escenas, en el cuarteto del segundo acto o en el dúo con su padre del final.
Lo de Kunde empieza a ser asombroso. Debe de tener siete vidas como los gatos. No se me ocurre ahora mismo un tenor que tenga la facundia canora del americano para venirse arriba en los momentos verdianos de fraseo impetuoso y rotundo, como el final del primer acto o toda la escena final. El acento tiene una incisividad y una potencia extraordinaria, y el registro agudo se mantiene con un brillo bastante apreciable, como demuestra en el contundente Si natural del final del primer acto, o en la puntatura al Do en la frase final de la cabaletta. Como era de esperar, el momento menos logrado es la maravillosa aria del segundo acto (¿cómo era quella frase de Arrigo Boito con respecto a este fragmento?... Algo así como que todos los italianos habían aprendido a caminar al son de esta melodía, o algo parecido… Nunca la recuerdo bien...

). La voz está demasiado acerada a estas alturas, y lo que le suma para la rotundidad de otros momentos, le resta en flexibilidad y dulzura para las vaporosidades de una cantilena como ésta.
Nicola Alaimo como Miller es el habitual cacho de carne con ojos, que supuestamente canta. Parece mentira que de un cuerpo tan grande pueda salir una voz tan esmirriada. Hay que reconocer que el hombre intenta hacer sus cositas, pero con los recursos técnicos tan pedestres que maneja es difícil que esos intentos consigan hacerse realidad. Voz interesante y pastosa la del bajo húngaro Balint Szabo (Wurm), quien a pesar de hacer de malo, malísimo, no canta como un desalmado. Todo lo contrario que el otro bajo, Luciano Montanaro (Walter), que se muestra como un representante de la peor especie canina. Y en una media incógnita se me ha quedado la prestación de la mezzo Cristina Melis. En su primera aparición en el dúo con el tenor, me dio la impresión de una emisión bastante competente, sin los desgarros ni los desparrames habituales en otras intérpretes de este papel, pero en intervenciones posteriores parecía que el encanto se iba desvaneciendo. Habría que escucharla en directo para salir de dudas.
Me ha gustado mucho la dirección orquestal de Massimo Zanetti, quien por cierto dirige sin partitura. Con mucha personalidad y con buenas capacidades para recrear atmósferas a través de ir destacando pequeños detalles (las sonoridades del viento/madera en la primera escena; los trémolos de la cuerda grave en el aria del bajo; el pulso rítmico en el canto de conversación que antecede al cuarteto del segundo acto; el juego melódico que desarrolla el clarinete y el fagot en el dúo soprano-tenor del último acto…). Al mismo tiempo le infunde una gran tensión y una gran vibración a los momentos de mayor vigor (estupendo el empuje de las cabalettas, por ejemplo). Un nombre a tener en cuenta.
La puesta en escena es ágil, funcional y evocadora, con un plano inclinado que se eleva o desciende para pasar de un cuadro a otro, y que también sirve para diferenciar el mundo bucólico y exterior de la campiña y de los personajes populares, de los espacios interiores y lúgubres de los grandes señores. A mí me vale, pero ya es sabido que yo soy muy prosaico en estos aspectos

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En conjunto, me lo he pasado bien, sin demasiados padecimientos auditivos ni anímicos. A ver si Herr Kandaules, que estuvo
in situ viendo una de las funciones, se estira y nos cuenta algo al respecto. Claro que con el interrogatorio en primer grado al que está siendo sometido, no sé yo si le quedará tiempo y ganas

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