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Confieso que iba a ver esta ópera sin reticencias de ninguna clase, es más, el peligro venía dado por las altas expectativas que me había creado y ya se sabe que cuanto más espera uno de algo más boletos adquiere para salir defraudado. Con todo el éxito de la excursión operística ya estaba garantizado porque compartir charla y cena frugal con compañeros de foro no tiene precio.
En primer lugar no puedo sino decir que no me extraña en absoluto que sea una ópera poco representada, mucho menos de lo que cabría esperar atendiendo a su calidad. Y es que tiene una exigencias a todos los niveles terrible, exigencias ampliamente cubiertas en la función de ayer. A la hora de hablar de lo que ayer se disfrutó es difícil hacerlo separando los elementos de forma individualizada porque el ensamblaje fue perfecto, o casi. Y empezaré por decir lo que no me gustó, dicho sea con la boca pequeña y que en nada empaña el resultado final. No me gustó la caracterización escénica de Paul que es un personaje que transita no lejos del autismo hasta la escena final; vive en su mundo, de sus recuerdos y a mi juicio exige unos movimientos mucho más cuidadosos que el histrionismo e hiperactividad que mostraba el actor-Kerl sobre el escenario.
Escénicamente podría discutir múltiples detalles de cómo lo habría hecho en base a esta producción y esto es, simplemente, porque estaba estudiada hasta el último detalle, abarcando todos los matices tanto del entorno como de los propios personajes y, francamente, ver hoy día puestas en escena que dejen tan a la luz todos los detalles del profundo estudio de una obra es difícil porque estudiar a fondo la obra creo, espero, lo hacen todos los directores de escena y escenógrafos a la hora de plasmarlo en el palcoscenico pero otra cosa es que el fruto del estudio y del trabajo sea perceptible por el público. Ayer quedó plasmado que sí, que es posible ser altamente imaginativo y creativo sin tener que pasar por genio incomprendido. Las simetrías y asimetrías, las luces, las velocidades de movimientos, el vestuario, los colores ,todo, absolutamente todo estaba calculado casi al milímetro. A partir de ahí yo hubiera hecho variaciones que serían gusto personal pero no demérito de lo que se vio.
Los cantantes son un elemento más del todo en plano de igualdad con la escena y la orquesta y esto no es un demérito de su trabajo, enorme en algún caso, sino de la magnífica obra en conjunto. Es más el trabajo ardúo de Paul, sobre todo, y de Marietta/Marie imbricado en la globalidad del espectáculo fue reconocido más allá de fallos, alguno clamoroso, en momentos puntuales. La prueba que todos salieron del teatro entre aplausos y más de un bravo merecido.
Kerl tiene una voz que sin ser fea no es bella, que sin ser “débil” no es arrolladora y , de forma comprensible,va a más a medida que se desarrolla la obra. En el último acto se permitió, inteligentemente creo yo aunque la inteligencia cabe atribuírsela a él y al director, un pequeño descanso para rematar la faena a lo grande. Marietta las pasaba canutas en las notas altas, no siempre, lo que me induce a pensar que no es un simple problema de agudos sino de cómo se llega, fatigada en muchos caso, a ellos. La Brigitta fue de Manual y no hacer muchos comentarios no es menostenerla sino que sólo se puede hablar bien, muy bien, de su labor y así se lo reconoció el público. Skhovus es un barítono lírico que canta con gusto aunque personalmente, y ahí seguro que discrepan mis compañeros de función, en la canción de Pierrot no lució todo lo que debía aunque quizás la culpa cabe atribuírsela al bullicio de personal que había en escena en aquel momento. Esta escena yo me la planteo con un Pierrot melancólico, sólo y con un foco individual; así de simple.
Weigle llevó la orquesta con maestría. Uno se limitaba a escuchar y disfrutar de cada momento y es que la música es excelente, sublime en algunos momentos y en los momentos menos brillantes de la partitura, que también los hay, no dejó que decayera el espectáculo. Durante el tercer acto, no sé si ha sido así en todas las funciones, dejó sueltas las bridas de la orquesta y la puso a toda leche (y ahí se permitió el descansillo Kerl porque aunque hubiera querido no se le hubiera escuchado). Fueron momentos realmente mágicos que se tornaron guante de seda para acompañar a los cantantes, y cederles su quota de protagonismo, en el rush final, magnífico de por sí y magníficamente interpretado. Ojalá la orquesta se hubiera soltado el pelo en algún otro momento convenientemente seleccionado.
Salí, salimos creo que puedo decir, contentos, muy contentos del espectáculo conscientes además de que es una ópera que tendremos pocas ocasiones de ver en un teatro.
Saludos
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