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Ernani en vídeo, del pasado mes de abril en Montecarlo, con Vassileva, Vargas, Tezier y Vinogradov.
Es una pena que Ramón Vargas no hubiera afrontado este repertorio con una edad más juvenil. Con un contexto adecuado y un director que conociera de verdad el estilo, hubiera sido ideal para el Verdi de galeras. Por desgracia, la voz ahora ya está cansada y con algún exceso de vibrato, y tampoco Vargas parece demostrar mucho entusiasmo en lo que hace. Empieza incómodo y con la voz desencajada, si bien poco a poco va recomponiendo la figura hasta conseguir alguna frase de altura en el último acto. De todas formas, y en general, transmite una sensación como de poco interés y de poca implicación en el asunto.
Svetla Vassileva es una cantante interesante y con personalidad, aunque esta Elvira no es lo mejor que le he escuchado. La voz está oscurecida y ensanchada de manera artificial, con lo cual se resiente toda la estructura vocal: vibrato desmedido, graves áfonos, acidez en la zona alta, legato intermitente y muchas complicaciones con las agilidades. Es verdad que el papel es tremendo (siempre digo que si no es el más difícil del período juvenil verdiano, debe estar entre los dos o tres más endiablados) y casi ninguna de las intérpretes que lo han abordado consigue salir del todo indemne, pero para la voz de Vassileva es a todas luces excesivo. En cualquier caso, no le pierde la cara al personaje en ningún momento y se desenvuelve como una jabata en medio de la tormenta.
Ludovic Tezier consigue con el Emperador una de las mejores interpretaciones que le recuerdo. Se le nota que está aquí mucho más cómodo que cuando se mete en otras camisas verdianas de once varas. La emisión es la que es (nada ejemplar ni ortodoxa), pero aún así hay un intento claro por la expresión doliente, galante o reflexiva (según el caso) que otorga variedad y morbidez a su canto. Lógicamente en los momentos de bravura y de canto perentorio, las cosas no funcionan tan bien, porque su voz no da la talla. El aria del tercer acto es un resumen de virtudes y defectos: el recitativo está muy bien dicho, al igual que el cantabile, bien delineado, sin embargo en las frases finales (que Verdi pide grandioso) tiene que empujar la voz porque ni por natura ni por proyección, los sonidos tienen la expansión ni la contundencia suficiente para hacer honor al momento, pero en conjunto se trata de una interpretación muy digna.
Vulgarísimo y sosísimo el Silva de Vinogradov (con una voz de bajo de chichinabo, por cierto), y animada la dirección de Callegari, también en una buena noche. Tiene brío en los momentos más “bailables” (aunque con alguna querencia a lo bandístico) e incluso también consigue algún momento climático y reconcentrado, como buena parte del tercer acto.
La puesta en escena es de las “bonitas”. Bueno, en realidad, el calificativo es más que nada para entendernos, porque bonita, lo que se dice bonita, no es, la verdad. Tiene más bien un toque entre “kitsch”, infantil y rancio. Inenarrable en ese sentido el último acto, que parece desarrollarse en la pista del Circo Price. Pero al menos es de ésas que, después de verlas, te puedes ir a dormir tranquilo sabiendo que no vas a tener pesadillas.
Para quien quiera verla, aquí dejo el enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=BUVX80vlYyc