
La obra no ofrece mucho más que el
Mitridate y está aun lejos de los logros de
La clemenza, por mencionar títulos con similares planteamientos temáticos. Por supuesto, tiene momentos de interés, como las arias, coro y dueto de sombras del primer acto, las dos arias de Giunia del segundo o la última intervención de Cecilio, pero la impresión general es más bien leve y a las pocas horas se empieza a diluir.
Harnoncourt dirige al Concentus Musicus en esa tierra de nadie entre las lecturas tradicionales y el historicismo más descarnado que, en mi modesto entender, le sienta bien a la opera seria mozartiana. La elección de algunos tempi es, eso sí, discutible. En el plano vocal, tanto la primera pareja (Gruberova /Bartoli) como la segunda (Upshaw / Kenny) se mueven entre el notable y el sobresaliente. La presencia de mujeres en los papeles masculinos no me molesta en absoluto: Cecilia Bartoli apenas apunta los vicios que después la han puesto en la picota e Ivonne Kenny… ¿qué pasa con Ivonne Kenny? ¿No les parece que se la ha valorado bastante menos de lo que se merece? Claro que también está Peter Schreier, un cantante al que no soporto. Y, francamente, estoy cansado de oír que sus dos únicos problemas eran un “timbre ingrato” y un “fraseo monótono” o que su interpretaciones mozartianas son aseadas. Si este señor no tenía un pasaje chapucero y unos agudos musculares, abiertos y a menudo descolocados es que los de GAES me tienen engañado.