Función del día 25.
Hace dos años me pareció leer en una nota de prensa que Pinamonti tenía entre sus proyectos el programar una versión de Carmen en castellano. Y en su momento me asombré, aunque pensé que sería una oportunidad para Madrid de poder ver funciones de Carmen, cualesquiera que fuesen sus circunstancias. Las últimas funciones de la genial obra de Bizet en un gran teatro lírico de la capital tuvieron lugar en diciembre de 2002 en el Teatro Real, hace ya casi doce años. Funciones, que en su momento fueron recibidas con frialdad -para quien esto escribe algo sorprendente, porque estuvo en una de aquéllas funciones- a pesar de contar con un gran director musical (Alain Lombard) y buenos intérpretes (Isabel Rey de Micaela o las Cármenes, las maravillosas Denyce Graves y Beatrice Uria Monzón, además de una joven Mariola Cantarero como Frasquita o el tenor Sergei Larin como Don José) y una espectacular puesta en escena por Emilio Sagi.
También es interesante comentar que en 2005, José Luis Moreno tuvo la idea de presentarla en la Plaza de Toros de las Ventas, con una producción de las suyas: figurantes vestidos a la vieja usanza, decorados cartón piedra, un espectáculo de fuegos artificiales y caballos en el acto final, y dos Cármenes de lujo como Denyce Graves (de nuevo) y Elena Zaremba, con Mario Malagnini de Don José.
Y llegamos a este 2014, donde se lleva a escena esta Carmen española en una versión de zarzuela (aunque en realidad sea una traducción de la ópera), preparada en 1890. Toda una oportunidad para ver esta obra de arte en la ciudad después de tanto tiempo. Aunque se haya llevado de la crítica más palos que aplausos.
La dirección musical y la escénica han sido confiadas a dos mujeres, ambas (según creo) debutantes en la obra. Personalmente tengo que decir que esta idea experimental me encanta: confiar la obra a artistas noveles en la misma, que van realizando un trabajo que va evolucionando según transcurren las funciones es una forma muy interesante de hacer ópera, muy en la línea de los hermanos Wagner en Bayreuth.
Ana Zamora, como bien ha comentado el forero Zacarías debutaba en la lírica en esta producción, si bien tiene una trayectoria importante en el teatro y en obras del Renacimiento. La puesta en escena parece rendir un homenaje a la mujer, y un homenaje a lo largo de la historia. El primer acto transcurre en la época de Merimée, y desde entonces se avanza en el tiempo a medida que pasan los actos: así, el segundo está ambientado en los años veinte o treinta, el tercero en plena Guerra Civil y el último en una época más reciente.
El escenario tiene una plataforma escénica muy sencilla, que contiene una gran escalinata con arcos que representan diferentes puertas o escondrijos o inclusive una Plaza de Toros, según convenga a las necesidades de cada acto. De fondo, una iluminación muy efectiva, con un fondo azul o negro. Y el vestuario pasa por ser muy colorido, además de ir cambiando de forma con cada avance temporal de cada acto : colores amarillo para los guardias, para los niños y las mujeres colores muy vivos o por ejemplo señalaremos el contraste entre el rojo pasión y libre albedrío que representa Carmen frente al azul de Micaela, que representa el recato y la pureza. O las milicianas en el tercer acto.
A pesar de su sencillez la puesta en escena tiene ideas muy interesantes, como el enfrentamiento entre Carmen y Micaela. En cada preludio hay una proyección de vídeos artísticos representando citas de autoras y autores sobre la mujer: Clara Campoamor, Emilia Pardo Bazán o incluso la frase final de la novela de Merimée. Y junto a esos vídeos vemos en escena cómo Carmen y Micaela se miran, se acercan, se presentan como una contraposición de la mujer fatal con la mujer ideal. También vemos una presencia de Micaela en momentos cumbres entre José y Carmen: por ejemplo en la Habanera o en el momento de apresar a José, donde Micaela asiste a la perdición del hombre que ama.
He hablado antes de los hermanos Wagner, pero es que viendo esos arcos he visto una interesante similitud, aunque no sé si exista una relación. Sinceramente, no lo creo:

Ensayo de Carmen, con la plataforma escénica

Tannhäuser, producción de Wolfgang Wagner en Bayreuth.
Yi-Chen Lin ha supuesto un gran descubrimiento como directora musical. De la orquesta de la Zarzuela ha conseguido una dirección brillante, ágil y resaltando el aspecto festivo de los momentos más populares de la partitura. También se destacó en los momentos más íntimos como los del acto tercero, logrando de la orquesta un sonido bellísimo. La satisfacción me resultó tal que la obra se me pasó en un suspiro. Buen trabajo.
María José Montiel es una de las grandes intérpretes de Carmen en la actualidad. Y ciertamente la suya es una voz muy sensual, contraltada aunque también conseguía unos pianissimi muy bellos. Además es una actriz estupenda. Disfruté mucho de su interpretación: estupendos acto primero y tercero en lo musical y a este aspecto hay que sumarles lo teatral en los actos segundo y cuarto. En todos estos aspectos la señora Montiel estuvo soberbia.
Desde el megáfono de la Zarzuela se anunció que José Ferrero sería, debido a una indisposición, sustituido por el tenor
Javier Palacios. En un principio pensé que saldríamos ganando puesto que el primer acto estuvo bastante correcto, especialmente en el dúo con Micaela y la Seguidilla. Pero desde el segundo acto, su interpretación estuvo entre lo muy nasal y lo calante. Lástima, porque el aria de la flor adolecía de estos defectos, entre otros momentos de su interpretación. Tal vez me equivoque pero los agudos no le salieron tan mal, y no adolecían de falta de potencia.
Sabina Puértolas fue en muchos aspectos una estupenda Micaela. Magnífica en sus intervenciones, muy especialmente en el acto tercero, donde estuvo soberbia.
Rubén Amoretti también fue un buen Escamillo. Se defendió correctamente en el aria de Torero y fue a más en la función. Además el agudo final de su aria lo mantuvo durante mucho tiempo.
Muy bien el coro y el resto de comprimarios, destacando la agradable Mercedes de
Isabel Rodríguez García.
Por último diremos que la traducción, muy española para los estándares del siglo XIX no me pareció molesta a pesar de tener el francés todo el tiempo en la cabeza, si no se fija uno en los cambios que se realiza en el texto de las arias que a veces parecen cambiar el sentido o el cambio de nombre de Lilas Pastia por Curro Flores.
Para tratarse de una producción poco favorecida por la crítica; nada tuvo que ver con que la Sala estuviera llena, la gente aplaudiera después de cada número y en cada aplauso se colaran ovaciones incluso cuando no debería haberse aplaudido;o que los artistas fueran muy ovacionados, incluídos los comprimarios. Algo que no sucedió hace doce años en el Real, cuando mejores artistas pero no siempre con las mejores interpretaciones fueron fríamente recibidos.
En definitiva, una agradable función de ópera. Esperemos que no tenga que pasar otra década para la siguiente interpretación importante de Carmen en nuestra ciudad.