
El año pasado, con motivo de las funciones de aquel Don Giovanni en el Real; leí en este foro que Dimitri Tcherniakov se había inspirado en parte en esta película para crear los vínculos familiares.
Por otro lado, esta película es el comienzo del movimiento Dogma 95, un movimiento rompedor que buscaba nuevas y provocadoras, si cabe intimistas y auténticas, formas de hacer cine. La película es una de las más significativas del cine de autor más reciente y unánimemente reconocida como una obra de arte. Y es cierto. Pero el arte puede ser también pesado de digerir.
La historia es muy triste. Y me sorprende la sensación de pesadez porque la historia en si sí me parece interesante. Una historia que aborda temas tan terribles como el racismo, la violación, la hipocresía, con una fiesta como telón de fondo que mantiene las apariencias, ante la impertérrita complicidad de unos invitados que siguen la celebración pese a las terribles revelaciones.
La película es coral, así que las interpretaciones son más bien uniformes. Ahora, me encantaría destacar la interpretación de Thomas Bo Larsen, que consigue que odie, aborrezca al insoportable hermano pequeño. Aún más que al perverso padre o a la hipócrita madre.
Y las cámaras que filman una resolución rayana al vídeo casero, que da un toque más sórdido a la historia. Viendolo bien y comparando la película con el montaje de la ópera puedo concluir que hay mucho de Festen en el Don Giovanni del ruso. Y en la película consigo recordar en muchos momentos aquella movida noche de ópera.

Pues creo que la película es simplemente para pasar un buen rato y ver cómo una jovencísima y bella Sharon Stone se deja la garganta en poco erotizantes escenas de cama.

Theda Bara fue la primera vampiresa del cine. O al menos la primera famosa a nivel mundial. Es sabido que casi el 80% del cine mudo no ha llegado hasta nuestros días. En el caso de Theda Bara es aún peor: 34 de sus 40 películas perecieron en un incendio en los estudios de la Fox en 1937 o están en paradero desconocido. Y ésta es la única película importante que queda de ella. Y no es la más significativa ya que Bara interpretó a heroínas de novela:Carmen, Salomé, la Virgen María y su famosa Cleopatra, entre muchas otras. Todo ello perdido para siempre. Por eso, el visionado de esta película es interesante para los apasionados del cine mudo (entre los que me incluyo), los admiradores de divas, y diría que para todo cinéfilo con recorrido.
Aquí tenemos una muestra de lo que originó la estela de mujeres fatales del cine. Theda Bara tenía algo en la mirada, algo que le hacía especial. Mirándola con los ojos de su tiempo sabemos que fue grande. Hoy nos parece hasta tierno lo que se hacía entonces, y el deseo que generó a los americanos de 1915 se intuye con esa mirada fría, ese porte elegante (que escondía a una intelectual en la vida real). La historia es bastante sencilla: una vampiresa que corrompe hasta la muerte a un padre de familia.
Pero por ser una de las primeras películas para una diva, y por la magia de las expresiones de Theda Bara esta película es un clásico del cine. ¡Si tan sólo su Cleopatra hubiera llegado a nuestros días!