Alberich el Negro escribió:
¿Quizá el que ambas terminan arruinando la vida de la persona más cercana que tenían? Por otra parte, yo no he hablado en ningún momento de las novelas --de su valor, de su mensaje, de su trascendencia en la posteridad--, sino de una característica de las dos heroínas protagonistas que me irrita sobremanera, pero que siempre se ha utilizado como estandarte para ofrecernos una imagen de la mujer que se pone como ejemplo positivo de liberación e independencia frente al represor poder machista...
Voy a ser concreta y cuidadosa, que luego usted dice que se controla y cierran los hilos.
Veamos: la situación femenina (o sea, las de mi sexo, cada una hija de su madre y de su padre) hasta hace bien poco era de sometimiento (más o menos, según el carácter, pero sometimiento) al varón que estaba encargado (anda que...) de mantenerla y lo del amor igual podía aparecer. O más bien, no; en la mayoría de casos.
En el Romanticismo, se rompen las normas y o se tienen los pantalones de arramblar con las consecuencias (caso Mary Shelley) o la mayoría de las jóvenes sueña con ese amor ideal que (en resumen) en eso queda ya que la realidad es que las casabn con quien conviniera (económicamente o según algún otro criterio).
En "Madame Bovary" Flaubert pretende que se aburra uno con la vida de Emma; lo consigue pues la monotonía de la realidad llega a las páginas. Emma, que se ha casado con (el pavisoso de) Charles Bovary (rutinario, trabajador y que se ocupa de su mujer en lo físico, ¿me explico?) ve cómo sus sueños de felicidad se derrumban ante la realidad cotidiana; no tiene más que dos salida:
a) aguantarse y morirse de pena y de asco hasta el final de su vida.
b)Intentar encontrar esa felicidad (que ha leído en las novelas) fuera de su matrimonio.
¿Qué ocurre? Que todos los hombres con los que da, todos, absolutamente todos, tienen un atractivo externo pero (y es así) no valen dos duros (hasta alguno le saca pasta a ella), por lo que Emma se desengaña más y más; su hastío cada vez le consume más. El suicidio será su solución.
Y el remate final queda para el marido: pagar las deudas de su mujer. No la atendió, no la satisfizo jamás (como tampoco el Regente a Ana Ozores, como Karenin a Ana, como...Tantos).
Flaubert critica el valor de ensoñación de los libros pero retrata también el adulterio en la situación de un Don Tancredo con una llama (sensual, sexual y ensoñadora) que es Emma.
A ver si nos enteramos un poco que no es la misma situación la de la mujer hoy día que la de entonces; sin ir más lejos, con mis alumnos leíamos "El Decameron" (les entra en Selectividad) y en un momento se escribe "La mujer, que veía que el celoso le iba a dar una gran paliza,
pues en su derecho estaba...". Fíjese.
Por cierto, ¿Se ha leído "Madame Bovary"?