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Schwarzkopf.
Tiendo a verlo bastante como Jane y Tunner. Freni es el paradigma de que la impostación natural del piano no permite hacer filados de alta escuela ni dominar la messa di voce (entendida como emisión muy suave de un sonido, crecerlo de volumen y volverlo a replegar, cambiando únicamente el volumen del mismo y sin que se altere el timbre, la posición, el vibrato ni la afinación de la nota). A cambio, es verdad que la impostación natural se ensambla muy bien al forte, pero es que, en realidad, tampoco se distingue tanto de él. Si a eso le añadimos que la dicción de Freni, sin duda, es clara pero no incisiva (algo que tiene que ver con el lugar donde coloca las vocales -y sobre lo que supongo que nos daremos de hostias al hablar de Joan Sutherland-) tenemos a una cantante que resuelve todo el Puccini no-ensimismado únicamente en términos de emisión (sanísima, robustísima, bellísima, desahogadísima de agudo, inteligentísima en la evolución física del instrumento y la humana de la artista y todo lo que quieran, pero únicamente en esos términos), emprendiendo un itinerario artístico, en ese sentido, opuesto, o por lo menos muy distinto (y no sé hasta qué punto deliberadamente, o si, sin más, las cosas vinieron así) al de Renata Scotto, que incurrió en más que alguna heterodoxia de emisión por encarnar a sus personajes. Freni tuvo el timbre, la emisión y la prudencia que no tuvo Scotto, pero ¡ay! le faltó, y cómo, el talento de aquélla.
Elizabeth Schwarzkopf grabó muchísimo, y a todos nos hubiera gustado que su presencia en el catálogo fuera más equilibrada con respecto a la Grümmer y, en menor medida, a la Jurinac (Seefried, Streich, Stich-Randall y compañía lograron en ese sentido dejarnos un legado más proporcional a su valía), pero que su marido fuese el productor de la EMI no la llevó apenas a proyectos discográficos fallidos o irracionales. Mariscala, Condesa, Elvira, Capriccio, la primera Fiordiligi... gustarán más o menos, pero decir que las hizo por ser quien era es injusto. Claro que tiene grabaciones menos logradas (bastante normal en una persona que grabó tanto), pero en su discografía a mí solo me sobra ostensiblemente la segunda Fiordiligi, en un estado vocal muy mejorable y sin necesidad después del testimonio dejado con Karajan.
Por emisión, Schwarzkopf tuvo sus pegas, y hay gente a quien le irritan sus sonidos fijos y una expresividad aristocrática, sí, pero siempre retrospectiva. Pero el fraseo meditadísimo de la Schwarzkopf, convencida de que la música sugiere más que dice pero te da todas las pistas para que tú solo te hagas el puzzle (ese Mi tradì con Furt en el que cada vez que reemprende el tema la furia del personaje cada vez está más aplacada!) no lo tuvo Mirella Freni.
_________________ Die Wahrheit ist bei mir, Mandryka.
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