Algunos comentarios sobre la reciente y estelar
Favorite, de Salzburgo. Comienzo con la decpeción que me causado una cantante respetable como es Elina Garanca. Hacía un tiempecito que no la escuchaba, y el recuerdo parecía mucho más agradable que la realidad. La voz suena muy tocha pero curiosamente con poca sustancia; es como un cauce muy ancho pero con poco caudal. Tampoco surge con demasiada calidez, sino más bien metálica y con ciertas destemplanzas. El grave parece ligeramente desfondado y sordo, mientras que a partir del primer agudo sí parece que la cosa tiene algo más de enjundia. En algunos momentos (sobre todo en notas largas) se nota un cierto vibrato, y en conjunto la voz da sensación de poca flexibilidad y maleabilidad. Se salva su musicalidad y su buen gusto, aunque también juega en su contra su habitual falta de expresividad y de efusividad. No sé, no me entusiasma.
Bueno el Fernand de Juan Diego Flórez. Me alegra ver que por una vez no deja traslucir ese desamparo y esa congoja que, cual pipiolo que se separa del regazo materno, le suele asaltar cuando abandona el cobijo de su repertorio más habitual. Ya desde las primeras frases, la voz suena tersa y descansada, y así sigue a lo largo de toda la función. Se recrea en los momentos de canto recogido (en especial, en
Ange si pur) sobre todo gracias a un legato muy bueno y a un canto sutil y refinado, sin caídas, como le pasa otras veces, en blandenguerías ni melindreces. El registro agudo también suena fácil, aunque con ese manía que le ha entrado últimamente de pararse antes, como para coger impulso. En la frase final (
et vous prierez pour moi demain) se va a la octava superior (primero un Do para concluir en un Si bemol) con muy buen criterio y con bastante brillantez. En cambio, el Do del final del concertante del tercer acto, se lo podía haber ahorrado porque no le queda muy rumboso que digamos.
Tezier saca con decoro el papel de Alphonse, porque su voz lírica se desenvuelve bien en este canto desplegado y elegante, y también por propiedad lingüística y estilística, pero sin emprender nunca el vuelo, sino con un canto más bien a ras de tierra. Reconozco que mi opinión puede estar muy mediatizada, porque da la casualidad de que en los últimos días he estado escuchando los retratos que del rey castellano nos legaron tipos como Arthur Endreze y Maurice Renaud, y claro, en esas circunstancias escucharse ahora a Tezier es como darse de bruces con la dura realidad

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Del montón el Balthazar de Colombara. Y decepcionante también la dirección de Roberto Abbado. No parece que la obra le interese mucho a juzgar con la desgana con que la dirige. Ya la Obertura queda bastante coja por escasez de vuelo y de grandeza, y el resto sigue el mismo estilo, con, por poner un par de ejemplos, un ballet desmayado y falto de
esprit, o un acompañamiento al aria de Leonore absolutamente desnortado, con unas trompas que más bien parecen tener un tono entre sarcástico y burlón., en vez del recogimiento que el momento pide.
Por cierto, para aquéllos que dicen que apenas hay diferencias entre la versión francesa y la italiana, que le echen un vistazo (o un oído, mejor) al final de ambas versiones. Mientras que la francesa acaba con los monjes que consuelan a Fernand (en un efecto que a mí me recuerda al del final de la versión definitiva de
Forza, aunque Verdi, con mayor magisterio, lo acaba en un pianísimo alargado hasta el infinito, mientras que Donizetti lo concluye con unos más convencionales acordes en fortísimo. Por cierto, que no es el único parecido entre las dos obras: si se escucha la obertura de ambos títulos, se lleva uno más de una sorpresa

), la versión italiana termina con Fernando solo en escena y su grito de
É spenta ante el cadáver de Leonora. Las tonalidades también son diferentes, y hay que suponer que esos cambios son por obra y gracia del Espíritu Santo, puesto que no existe ningún testimonio de que fuera Donizetti quien hizo dichos cambios

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