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No les cito a todos porque no me caben.
Sr. Gruberoviano, ud y yo no hemos nacido para entendernos (a mí, al menos, me resulta ud del todo imposible). Es usted muy libre, faltaría más, de detestar La Sonnambula, a María Callas o al lucero del alba. Pero en el fondo, su forma de ver el asunto creo que confirma lo que venía yo diciendo antes de los esquivos que resultan los lenguajes belcantistas (y paradigmáticamente, los de la ópera semiseria, donde el detalle que colorea la línea de canto lo es todo) desde el punto de vista de la efectividad teatral. Donde ya creo que desbarra ud del todo (porque el anacronismo de la crítica resulta, creo yo, excesivo) es en lo del “machismo” de La Sonnambula. Ya al margen del hecho de que, bien fraseadas, frases como “io più non reggo, più non reggo a tanto duol” o “il tuo sposo, il tuo amante, è a te vicino” pueden adquirir contornos de perdón como los que ud reclama, no sé lo que le parecerán a su evaluación crítica del siglo XIX óperas como “Un ballo in maschera” u “Otello”, donde respectivamente se planea y se comete un uxoricidio por honor, bien que en error de tipo (hablando de fraseo detallado, qué pocos barítonos entienden la amenaza de muerte implícita en la frase “Ho giurato che alle porte v'adurrei della città”: los hombres de honor cumplimos las promesas y matamos a las adúlteras). En todo caso, es una línea de debate que, por parecerme absurda, me niego a proseguir.
Entiendo algo más, aunque no del todo, los post de Ulysses. En estas votaciones ha habido, indistintamente, sucesivas victorias y derrotas de fritureros contra LPros, si vale la categoría (ninguna, creo yo, absolutamente irracional, y menos que ninguna la victoria de Arangi Lombardi sobre Price; creo que se puede sostener con argumentos referidos únicamente a la producción del sonido que la italiana cantaba mejor que la americana). Pero también ha habido manifestaciones expresas en contra de la fritura como una fuente válida de conocimiento de cantantes y acusaciones generalistas de mitificación de un pasado que no tenemos los medios técnicos para apreciar (nuevamente, mi eternamente incomprendido Gruberoviano -en serio ¿soy sólo yo? ¿Los demás entendéis las cosas que dice este chico?-).
La vocalidad de Mirella Freni (y por favor no saquemos las cosas de contexto: nadie hace la carrera de la Freni cantando mal, no sabiendo cuidar el instrumento o no sabiendo evolucionar con él) no es un tema tan obvio como parece, y da para debatir en extenso. Por mi parte, de todas formas, me van a permitir que lo deje, por lo menos, para la siguiente vuelta, porque en esta votación en concreto (que a priori parecía debía ser un paseo militar para Freni como el anterior fue para Callas; no olviden que cuando hicimos aquel juego de puntuar a los cantantes que ganó Ezio Pinza, Maria Jeritza quedó la última, incluso por detrás de Cecilia Bartoli), se han producido acusaciones directas de fanatismo (“votar a Jeritza es un acto de fe”, sic), entre las cuales creo que no se dan las condiciones para que nadie aprendamos nada (si de verdad les resulta absolutamente increíble que en las grabaciones de Jeritza uno encuentre chispazos de talento que Freni escasamente me da, suficientes como para proporcionarle un voto que, insisto, pensaba que no iba a pasar de lo simbólico, pues qué le voy a hacer). Las claves, de todas formas, ya las han anticipado de forma bastante certera Zhivago, por un lado, y Ghiaurov, por otro (a veces me sorprende la falta de prédica que tienen algunos foreros que tienden, si bien con su propio lenguaje, a dar en el clavo, mientras otros mucho más aclamados se dedican a decir que Fleta no es inmortal porque no grabó óperas enteras, que Callas es veristoide, que en el belcanto no hay teatro y que La Sonnambula es machista).
Concuerdo en que Leider y Lemnitz (también Teschemacher y Müller) hubieran tenido un sitio bien merecido en este juego.
Lo de Olivero, efectivamente, una falta de respeto.
_________________ Die Wahrheit ist bei mir, Mandryka.
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