He estado picoteando el vídeo Salzburgués de Il Trovatore (otra de esas óperas que no se me gastan, aunque sea con mantas-¡qué operón!) y añado algunas breves puntualizaciones:
-Que el Sr. Meli no es un tenor lírico no. Es un Leicester o un Percy. De hecho, empezó por Rossini, pero como no tenía registro de baritenore, ni olía la agilidad (qué poco gusta estudiar, pero qué poco) pasó a Donizetti donde no duró mucho y ahora va de tenor di forza Verdiano. No. El Manrico no le va grande, le va enorme. Se ha escuchado a Bergonzi e intenta imitarle, pero claro, cualquiera que tenga ganas de oir me cuente si en "Il braaaaaaccio avrò più forte" o "dal ferro ostil trafittoooooo" este señor domina el pasaje ¿o no escuchan ustedes sonidos apretados, forzados y duros? Y una cosa es cantar bajito y otra cantar piano o a media voz con apoyo sul fiato. Escuchen a Pertile que tiene el papel grabado completo y luego me dicen si es liriquito o ligerito o también ha hecho daño.
Aquí critican a Corelli, pero este señor con una voz de la que salían 37 Melis, apianaba ad libitum y con apoyo, sonidos mórbidos, timbrados y con volumen. En fin, los acentos faltos de vibración, de arrebato, de brío... La estrafalaria resolución de la pira es lo de menos (apreciable que ha cantado ambas estrofas). Siendo un lírico-ligero no se crean que se ha lucido con las semicorcheas picado-lligadas de la pira, no.
-La mejor es Anna Netrebko con diferencia, pero con matices. El material es de calidad, carnosito, sombreado, rico y con buen metal arriba. Eso sí, la sensación de entubamiento es cada vez mayor, así como la articulación escasamente nítida del italiano, lo que la sitúa desde el primer momento como extraña al idioma. El legato es correcto, el fiato justito y he detectado algunos acentos interesantes en los recitativos de sus dos grandes escenas. La coloratura sigue siendo de estar por casa. Borrosísimos los trinos de "rosèe" y de "dolente". Se ha cantado las dos estrofas de las cabalette "Di tale amor che dirsi" y "Tu vedrai che amore in terra", algo cuasi insólito, teniendo en cuenta que esta última se solía suprimir completa en las representaciones en vivo. Se ha peleado con la agilidad, pero bueno, la señora tiene carisma, tiene personalidad y tanto eso como su buen material, no es que sobren hoy día.
-Poco más que añadir de lo demás. Domingo me ha dado pena de verdad, porque le admiro, me ha dado grandes noches y es un mito de la ópera. Se le ve sufrir y uno sufre al verle. Debe darse cuenta que hasta a él, le llega el momento en que los años pesan, que ya no se es Dios, que ya no se es incombustible. Debería replantearse las cosas. Yo entiendo que estos animales de escena no puedan vivir sin ella. Siempre recuerdo a la mujer de Mario del Monaco en un programa de la RAI contando que a su marido lo mataron el día que le dijeron que ya no podía actuar más. Pienso que Domingo tiene la suerte de poder seguir ligado a las tablas como director musical y de teatros y podría dar un número limitado de actuaciones especiales, algún recital con el repertorio adecuado, galas, no sé. Aún le recuerdo el año pasado en Verona cantar fabulosamente como tenor un fragmento de Valquiria y otro de Parsifal. Cosas así, dosificadas. Creo que ya tendrá con qué pagarse el entierro y tiene una responsabilidad para con su propia historia y significación como mito de la ópera, así como con sus seguidores.
-Lemieux es una tomadura de pelo que me ha obligado a zapearla. Una vocecita de música antigua empotrada en la gola. Ni para cantar "Rascayú cuando mueras que harás tú" con amplificación.
-Ridícula, estrambótica y antiverdiana, la dirección de Gatti. Alguien le ha dicho que es un genio y se lo ha creído. Todo caído, moroso, destensionado, para de repente acelerar, luego vuelve a rallentar, un alarde de deconstrucción (como la de los chief) y limitándose a mostrar el sonido más macizo y pesante de la Filarmónica de Viena. Para el gato.
La producción con lo del museíto no es original, pero, al menos, es un regalo para la vista poder ver tanta obra maestra de la pintura. Ahora que rige el feísmo, es un bálsamo.