A juzgar por la respuesta del foro, no sé, no sé… De todas formas, como Felipito Tacatún, “¡yo, sigo!”.

Martinu es un compositor muy prolífico, bastante ecléctico y de trayectoria que alguno calificaría como errática. En los años veinte, iba de moderno con obras dedicadas al fútbol (
Half-time) o a la cocina (
La révue de cuisine). En los treinta, tras la estela de Stravinsky, dio un giro neoclásico, pero más bien atraído por formatos como los concerti grossi. Terminó entregado a piezas más pretenciosas, como las óperas
Mirandolina y
La pasión griega, que no conozco, el aburrido oratorio
The Epic of Gilgamesh o las sinfonías que estoy comentando.
La
Segunda sinfonía le fue encargada a Martinu por la comunidad checa de Cleveland, ciudad cuya orquesta la interpretó por primera vez a finales de 1943. Me parece inferior a la primera, porque repite el mismo planteamiento y el mismo esquema, pero eliminando o mitigando algunos de los elementos más originales de aquella: la particular utilización de instrumentos como el piano o el arpa, por ejemplo. El arranque de ambas es muy similar: acorde en tutti que deja paso a unas frases cortas y rápidas cuya melodía parece “desajustada” respecto a una base rítmica sincopada. Sin embargo, ya en este primer movimiento se aprecia la intención de no inquietar demasiado al oyente, manteniendo un aire de sonata sin desarrollo dentro de un marco tonal bastante cerrado (Re mayor). El movimiento lento, en este caso andante moderato, gana una posición respecto a la sinfonía anterior y es menos solemne, casi se diría que bucólico. Hay un detalle que me descoloca y que seguramente será una derrapada mental por mi parte, porque no he podido constatarlo en las pocas referencias que he podido localizar: se trata de lo que me suena como una cita del himno alemán, bastante sarcástica teniendo en cuenta las noticias que llegaban sobre las atrocidades nazis sobre suelo checo. En tercer lugar viene un scherzo sin trio, también bastante pastoril, que contiene el detalle más curioso de toda la pieza: un falso final, en plan broma haydiniana. Cuando el público está a punto de levantarse, entra un allegro casi simétrico al movimiento que abría la sinfonía y en la misma tonalidad, aunque ahora con un pasaje en modo menor. La profusión de metales y percusión varia confirma que, esta vez en serio, la cosa se termina.
La versión de la BBC que utilizo como referencia es bastante recomendable. Tengo la impresión de que la interpretación de esta segunda sinfonía es menos comprometida y hay menos posibilidades de que el nervio de Bĕhlolávek emborrone la partitura. En cambio, se agradece su energía en los pasajes más mortecinos. La comparación la he hecho con una versión de la Filarmónica checa dirigida por Václav Neumann; supongo que se trata de una de esas grabaciones de los años setenta del sello Supraphon. Se oye bien y todo discurre plácidamente, como supongo que era la intención del compositor.