El diablo en el poder, de Barbieri (Teatro de la Zarzuela)Confirmo que, como me habían comentado, este
Diablo en el poder, del gran Barbieri, es una auténtica gozada de música: un torrente de melodías del más puro belcantismo (no hay en este ocasión apenas huellas de raíces españolas), una orquestación fantasiosa y exquisita, y un argumento que se intuye cargado de ironía y de retranca. Recomendabilísima en suma.
Los intérpretes se esforzaron en apechugar con los virtuosismos vocales, y la cosa funcionó regular. El protagonista es en este caso el barítono, y es un papelazo lleno de lucimiento para un cantante artista en toda la extensión de la palabra: canto a flor de labios, volutas y florilegios vocales, amplias curvas melódicas, oportunidades sin fin para el disfrute canoro... En fin, uno se imagina lo que podría ser este papel cantado por las grandes glorias baritonales del pasado, o por un Renato Bruson de los buenos tiempos, y se muere de gusto. En lugar de esas ensoñaciones, lo canta Josep Miquel Ramón, todo así como a ras de suelo, desangelado, solfeando y con una vocecita árida y pobretona. La triste realidad, pues.
El resto de los chicos fueron Emilio Sánchez, en otro papel agradecido, que puso tablas y comicidad con su habitual voz empotrada en el cogote; y el bajo Fernando Latorre, que mete ruido y da notas. La parte femenina corrió a cargo de Elena de la Merced (en horas bajas y con la voz bastanbte deshilachada), y Ruth Iniesta que sale airosa, por gracia y gusto, con un papel que quizás es demasiado para sus modestos medios.
Y la mejor función hasta ahora de la orquesta (no así los coros, que andan un poco desnortados estos días) y del maestro José María Moreno. No sé si es que la obra ha tenido más ensayos que las otras dos, o es que les ha inspirado más la calidad de la música, pero lo cierto es que todo ha sonado más contenido, más en su sitio, e incluso con algún momento de cierto deleite

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Por último, una curiosidad: dan que pensar los versos con que concluye la zarzuela, cantados por todos los solistas y el coro, y que resume bastante el espíritu que domina la obra:
"
Puede que siendo ministro el diablo,
llegue la España dichosa a ser:
quizás él haga que en este infierno,
nos entendamos alguna vez". Han pasado 150 años desde el estreno de
El diablo en el poder, y al parecer todo sigue igual en el solar patrio

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