
Una versión bastante disfrutable ésta reciente del Covent Garden, gracias sobre todo a la exquisita Tatyana de la señora Stoyanova, una estupenda cantante, bien pertrechada técnicamente, y de modos a la vez delicados y apasionados. El ligero vibrato de su voz le añade además un plus de calidez a su canto. Para rematar la faena se muestra como una magnífica actriz en una producción que le exige bastante en ese sentido y que por medio también de una sapiente realización, permite seguir todo el proceso interior del personaje gracias a la sutil expresividad de la señora Stoyanova.
El Onegin de Keenlyside es muy válido también, aunque curiosamente (viniendo de alguien tan bien dotado para la actuación) falla en el lado escénico, donde aparte de no dar del todo con la tecla del personaje, se muestra demasiado histriónico. Y sorprendentemente apañado el Lensky de Breslik. Canta "de aquella manera", eso ya se sabe, pero sale muy airoso de su aria, y además se permite atacar un
Vashem dome a media voz, verdaderamente conmovedor. Lo peor, el Gremin de Peter Rose, una voz de ultratumba que destroza sin piedad su preciosa aria. La dirección de Ticciati es funcional, pero eso es poca cosa en una obra como ésta. Queda lo obvio, pero se le escapan las sutilezas, las vaporosidades de la orquesta y los efluvios sonoros que dan esa tinta tan especial a esta música.
Y (¡por fin!) una puesta en escena magnífica, de ésas que fluyen
desde la música creando la atmósfera adecuada para que la partitura se desarrolle y se expanda en toda su plenitud, a través sobre todo de una elocuente utilización de los colores y de la luz, además de una buena dirección de actores. El autor del milagro es un tal Kasper Holten, a quien no tenía el gusto, pero que a partir de ahora me lo apunto

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