Carl Tunner escribió:
Efectivamente, Alberich. Por ejemplo, el acto III de Rigoletto es un ejemplo de lo mejor del melodrama. Redondo musical y dramáticamente.
Sí, la verdad. En el acto III queda sublimado todo lo que hemos visto antes. Pero yo diría, incluso, que la totalidad de
Rigoletto es de una perfección dramática sorprendente. Desde el magistral preludio hasta el alarido final del bufón acordándose de
"la maledizione" --que forman un perfecto arco argumental y temático--, el conjunto de la acción avanza sin desmayo y mantiene al espectador atento y en vilo, sin apartar la vista del escenario en ningún instante. No hay momentos de "relajación" o aburrimiento; no hay pasajes Iliterarios o musicales) de compromiso para llenar huecos, como sí encontramos, a veces, en otras óperas. Todo está pensado exclusivamente para que el drama vaya adelante. En este sentido, la ópera de Verdi me produce una sensación de "veracidad dramática" muy parecida a la que despierta en mí
Tosca, cuya acción también discurre imparable, gracias a un libreto de coherencia dramática absoluta, que se intensifica por el hecho de utilizar un marco espacial (Roma) y cronológico (los sucesos de sólo 24 horas) muy reducido y concentrado.
En todo caso, se ve claramente que, con
Rigoletto, Verdi iba buscando nuevas fórmulas expresivas y musicales para superar el tradicional melodramma italiano que él había conocido (y practicado antes). Pero partiendo siempre de la tradición (al contrario que Wagner, que quiso dinamitarla de manera consciente).